09 diciembre, 2009

Descompensados

Si algo pudo verse anoche en lo que alguna vez fue "El musical de tus sueños", es un alto nivel de descompensación de todos los famosos. O por lo menos, de gran parte de los integrantes de un certamen que solo ha funcionado, de acuerdo a los números, cuando el escándalo trascendió las fronteras del show.

Anoche se asistió a la irritante y ya reiterada imagen del deterioro.

Todos contra todos es, en el programa de Tinelli, contra uno mismo.

Porque ante la necesidad de protagonismo, las formas de actuar individual toman dimensiones que atentan contra la integridad física y emocional de las personas allí presentes.

El velo de la práctica de Kabala de la mano de Reina Reech; Aníbal Pachano alucinado con las cámaras y Graciela Alfano caminando por los pasillos de Ideas del Sur, cuan sonámbula sostenida por un Doctor que le toma el pulso de manera extraña, son algunos de los condimentos que atrapaban al televidente no por la calidad sino por lo desopilante.

Como siempre, la más coherente, Valeria Lynch.

Del lado de los participantes, el desborde de la ignorancia, lo chabacano, lo brutal al momento de intentar elaborar una oración que se entienda con sujeto y predicado y la situación de amenaza de golpes que se asemeja más al dibujo animado “Albin y su pandilla” que a algo verdaderamente serio, fueron algunas de las instancias que conformaban la parte de un circo más lumpen.

Aunque evidentemente, lo lumpen vende más y es por eso que tres, de los integrantes del jurado, han decidido bajar a eso.

Ni siquiera resiste un análisis pensar en Alfano pidiéndole al marido de Rocío Guirao Díaz que le deje o que le gustaría probar su "chorizo". Recordemos que el marido de una de las pocas destacadas del concurso, es Paladini.

Saben, los protagonistas de trayectoria, que a mayor desequilibrio y perversidad, mayor rating.

No les importa mostrar la alarmante decadencia. Tampoco mascar chicle groseramente y luego mutar al juego de la salud. Todo vale, cuando se es consciente, por lo menos, de que cuando Marcelo Hugo diga chau, chau, chau, el día 17 de diciembre, muchos van a quedar como la mujer de esta imagen...





25 noviembre, 2009

Pulentas

“Qué lindo que la gente se quiera”.
En la austeridad del pensamiento autocrítico gubernamental se observa, desde los diferentes cordones de la sociedad, el naufragio de la Argentina sitiada. Sitiada por un simulacro de inoperancia que es, en realidad, la funcionalidad del crimen organizado que ha penetrado desde distintos lugares para instalarse y hacer raíces.

Desde algunos apartados de la policía federal y bonaerense que se dedican a impartir su conocimiento para fomentar los pequeños brotes de células juveniles del mal, hasta la permeabilidad poco inocente de las fronteras y la premeditada falta de radarización en las pistas, la situación de inseguridad se eleva.

Y mientras el pueblo se auto convoca espontáneamente o asiste a la organización del encuentro, los delincuentes siguen con su actividad y los gobernantes, también. Porque mientras la sociedad está “distraída” reclamando el derecho a la vida y cohabitar en un marco de contención legal, los aprovechadores de siempre ingresan a las casas para saquearlas y los cómicos de arriba, los que supieron inspirar al “Gran Cuñado” de Tinelli, siguen la meta que se han propuesto.

Entonces, vos seguís siendo un golpista que representa lo peor del país y yo soy un laburante que represento a la clase trabajadora. A nosotros nos interesan los Derechos Humanos y a ustedes, oligarcas, llenarse los bolsillos.

Por otro lado me presento como candidata y después no quiero asumir porque encuentro que puedo ser más útil a la política sin ocupar una banca. Y Moria Casan es muy derecha. Y a Moria el repentino reclamo de las figuras del espectáculo le hace ruido.

Ruido, palabra que se convierte en acción cuando los piqueteros toman las calles y todos nos tenemos que acomodar. Voy para acá, voy para allá y si puede no salgo.

Me quedo en casa y enciendo el televisor o la radio. Ambas quizás. Y escucho a Carrió con su apocalíptico discurso y la soberbia de la verdad absoluta. Siempre lo peor está llegando. Ya llega, falta poco. Estamos ahí, todavía no tacamos fondo. Es solo, cuestión de segundos.

Ella es de las que también utiliza a los pobres. Declara que los pobres que el oficialismo manipula para llenar las calles son nuestros pobres. Error. Los pobres son gente trabajadora y no rentada por los gobiernos de turno que cobran planes por no hacer nada.

El pobre tiene dignidad. Y la dignidad se las da el trabajo.

Macri desde el caos ciudadano espera que la justicia se expida como si en Argentina la justicia fuese garantía de algo. Michetti sale a decir que ellos tienen derecho a equivocarse. Lástima que en la equivocación nos arrastran a todos. Y bueno, total, somos una gran familia. Todos sabemos de todos. Y nos espiamos porque somos pícaros, entonces me dijo, le dije, le digo.

¿La hago o no la hago? ¿Lo digo o no lo digo?

Lo digo. Si total acá con buena onda te dicen de todo. Somos todos hermanos, cuñados, tíos, maridos.

Es por eso que a la Presidente le importa como viaja la gente en tren. ¿Le importa? Ah, no. Ella vuela alto. Piensa en otros trenes. Como la fantasía del tren bala o los acuerdos ferroviarios con nuestros hermanos chilenos. Ven, todo queda en familia.

Cristina Fernández podría haber sido la protagonista del film “Un paseo por las nubes”. En realidad, para ser justos, todos podrían haber trabajado ahí porque todos viven en una nube.

Atención. No importa. Seamos tolerantes. Si no, somos fascistas. Golpistas. Dictadores. Subversivos. Desestabilizadores.

Salgamos pues. Demos un bálsamo. Pensemos en Anabela Ascar. Seamos frívolos. Vayamos a comprar revistas para verla en las tapas.

O por qué no, pensemos en su creación. Zulma Lobato y las antiestéticas fotos en topless con sus depiladores. O en un zapping encontremos a Ricardo Fort provocando vergüenza ajena cuando baila. O lo que es peor, escuchar a las mujeres urgentes que dicen que ese sí es un macho.

Es tan lindo que la gente se quiera. Como se quieren Aníbal y Mauricio.

El primero lo trata deliberadamente de vago al segundo y el segundo hace lo que puede.

¿Puede?

Y Scioli pide firmeza para combatir el delito al tiempo que no sabe cómo ser firme con prédica evangélica. Que vayan a hacer deporte y listo. Como dicen en la cancha o el barrio, somos pulentas.

Pero bueno, volvamos al dicho, qué lindo que la gente se quiera. Y se ve que a Macri le gusta que todos se quieran con todos. Por eso, viva el amor como dice la canción. Tengamos al conjunto “Las Primas” como las canta autoras de otra parte de la realidad argentina.

Celebremos, junto a PRO y la justicia, que los nenes, como querían “Las primas”, estarán con los nenes y las nenas con las nenas.

18 noviembre, 2009

"Veletismo"

Impuesto en la política se hace extensivo al espectáculo.

La hoguera
Resulta curioso observar como dentro de la colonia artística los recelos afloran cuando un tema se encuentra en el candelero. Porque ha sido a raíz de las diferentes posturas sobre la problemática de la inseguridad que muchas figuras del medio plantearon sus inquietudes, temores, propuestas y críticas. Es decir, el tema de la inseguridad provocó crispación entre los opositores al gobierno y los adeptos.

Así es como Florencia Peña se separa de los famosos que no acuerdan con las políticas Nacionales y Moria Casa, opositora desde el comienzo, modifica parcialmente su discurso y reaviva su pelea con Mirtha Legrand y vuelve, desde la sutileza, a tratar a Susana Giménez de “tonta”.

Mientras tanto, Tinelli realiza una presentación cabaretera para responderle a D’ Elía y Nacha Guevara, cuando el ambiente está álgido se baja activamente de un kirchnerismo al cual, nunca se subió acabadamente. Justamente, cuando la política y el espectáculo se rozan en la confrontación decide, conforme a lo pronunciado en un comunicado, que no asumirá su banca por razones personales. Claro, en el ambiente es “veterana” y en la política “pichona”.

Política y H2O
Una decisión anunciada desde el mismo día en que se postuló como candidata, aprovechando el poder de la estelaridad obtenida a lo largo de una carrera exitosa y de una genética admirable solo reforzada con agua mineral.

Su protagonismo fue funcional a un electorado que flotaba en la indecisión y que optó por darle, perdón por la expresión, la derecha a Guevara bajo la interpretación de que ese mismo compromiso sostenido en las tablas, lo llevaría al Congreso. Un espacio en el cual, la estética, no tiene el mismo valor que en el mundo de las artes.

Además, nunca se la vio muy desenvuelta en su rol de “política”. Una cosa es dar una opinión sobre la situación del país y otra muy distinta es trabajar por solucionar una agenda pendiente.

Porque además, convengamos, que interpretar a Eva en las tablas no la convierte en una comprometida activista a favor de los más necesitados. El desacierto está, en el desafío innecesario para estimular, aún más, el ego.

Evidentemente, en su universo de significados, la Señora Nacha habrá pensado que los votos obtenidos eran como las entradas vendidas en un teatro. Unificó espacios, valiéndose, lícitamente, de su llegada al público pero fallándoles, cuando se acerca el momento de sentarse en una banca en el contexto de un Congreso que no tiene la mayoría por la que ella apostó.

A mayor dificultad, menor exposición frente a la sociedad demandante.

Evita y los medios
Asentada sobre la base de la estructura de sentimiento del peronismo, la nostalgia por Eva Perón se incrementa en el imaginario de las actrices, muchas de ellas, sin ser peronistas.

El culto a la meritoria Eva, dueña de un estilo incomparable e irrepetible, penetró a nivel mundial a través de la masificación y globalización de los medios de comunicación. Fundamentalmente, de una televisión que podía combinar imagen y voz. Así fue, como hasta la condenada a no poder desprenderse del infantil “La Ola Verde” –Flavia Palmiero- representó a Evita.

Desde la retórica, hasta la gestualidad y manera de vestir, fueron material de aprendizaje para muchas simuladoras que en un intento frustrado, quisieron ingresar al campo de la política. Pensaron, que la jungla mediática, era comparable a la selva política.

Nacha Guevara es casi el emblema del personaje. Con la diferencia, que fue su persona la que defraudó a sus votantes, a sus seguidores teatrales, alimentando así, a la sociedad perezosa producto del desencantamiento que los actores sociales generan cuando salen, con especulación, de sus trabajos originales.

Cuando buscan poner a prueba el reconocimiento colectivo en otra esfera para alimentar el alter ego, usufructuando, al mismo tiempo que dilapidando, el cariño popular.

Son los actores que homenajean la conjugación del bochornoso "veletismo".

09 noviembre, 2009

El engrasado nocturno (09-11-09)

Ricardo Fort, todo lo que un “macho” no debe ser.

Después de recibir algunos mails, leer varias crónicas e ingresar en la disyuntiva si valía o no la pena dedicar algunos párrafos al personaje, entendí que uno se debe a sus principios y que desde la sociología o si se lo quiere, desde la mirada de cualquier observador, lo bizarro siempre tiene una explicación que merece ser compartida a través de una aguda descripción.

Y cuando hablo de principios, no me refiero a principios morales. Simplemente, a convicciones que tienen que ver con una línea de pensamiento y con criterios que se desprenden en las notas publicadas en Informes de Medios.

De ahí, la “osadía intelectual” de escribir sobre un personaje que irrumpe en los medios de comunicación con una estética absolutamente llamativa que no lo hace invisible a los ojos. Al contrario. Así, sus accesorios son el deslucimiento del hombre en sí mismo. La degradación del estilo. Y no por una cuestión de moda, ya que la moda es un parámetro relativamente ficticio e impuesto por las grandes marcas para fomentar el consumo. Porque tanto un hombre como una mujer es elegante cuando se ubica en la moda que le sienta bien. Y no en la que sigue el rebaño.

El exceso de anillos, collares, aros y cadenas que cuelgan entre el bolsillo del jean y el bolsillo del chaleco o campera, revela un esteticismo ostentoso. Lo mismo que el desborde muscular que necesita ser permanentemente exhibido.

Un cuerpo grasoso producto de un aceite untado con estoicismo. Una fritanga ambulante. Horas de gimnasio y de suplementos dietarios para llegar a ser todo lo que un hombre no debe ser.

Aunque el hombre tiene que ver con una cuestión de género y no con un estado de brutal testosterona. Entonces, los condimentos de Fort lo revelan como la antítesis del “macho”. Del varón.

Claro está, que varones, en la Argentina masculina anabólica, hay pocos.

Abundan los Fort con cuerpos que parecen calles empedradas. Individuos visibles como
vampiros, casi siempre por la noche, con el objetivo de subirse a la vorágine de la música electrónica y cuando el cuerpo más lo pide, algún cuarteto para poder agarrar a las ardientes utileras que se identifican con los adoquines de los pectorales y los ladrillos de los cuádriceps.

Los pantalones rotos como sinónimo de tendencia. En lo posible, bien ajustado en la parte genital. La camisa abierta para “lucir” un pecho terriblemente depilado y manoseado por las urgentes jóvenes y otras más maduras que ven en Richard una escultura deseada y engrasada.

Mucho gel en el pelo, un andar como si recién se hubiese bajado de un caballo y un tono de voz impostado que juega al seductor y cuyo mayor desafío en la vida es ver cuántas minas conquista por noche. Y a cuántas de ellas, se llevará a la horizontalidad. Cuántas podrán ingresar a la privacidad de un Ricardo Fort que en cualquier momento le vende a los medios las fiestitas caseras.

No es un caballero, mucho menos un varón. Es la antítesis del tanguero. Nada tiene que ver con la fascinación barrial. Con el “atorrante de barrio” que deslumbra por su simpleza y por su mirada cómplice que invita un café. Una copa de champagne o un delicioso bellini de acuerdo a las circunstancias y el lugar. O por qué no, una fría cerveza.

Un muchacho señor menos preocupado por el cuerpo al que se le caigan ideas. Que haya leído algo más que Revista Hombre o la legendaria Play Boy. Que haga reír a la dama por su inteligencia y no la haga sonrojar por ser un animal que cuando aparece en público con una chica jovencita dice: esta es carne fresca.

Pero los Ricardos Forts existen porque están las necesitadas de cámara, las “nenas de utilería”, las marginadas mentales y las lumpen emergentes que quieren, compulsivamente, subirse a una cupé. Sentarse con Jorge Rial o Viviana Canosa para contar su experiencia nocturna y la mercantilización de ser la acompañante.

Chicas que chupan una hoja de lechuga las veinticuatro horas del día. Y el permitido de la semana es una zanahoria de más.

Rubias en su mayoría gracias a la creación de innumerables marcas de tinturas en sus diferentes tonos de rubio aunque el platinado susanezco sea el más elegido.

Siempre de corto porque el largo es para ellas cosa de viejas y porque los Fort, necesitan mostrar a la compañera de turno. A su valor de cambio luego de atravedar la etapa de ser el valor de uso.

Bajo estas características que se asientan en los cambios experimentados en la noche de Buenos Aires, Ricardo Fort devino en un V.I.P mezcla del prototipo estadounidense con centroamericano que se destaca por la obscena ostentación material y la frondosidad corporal que tapa el precoz envejecimiento neuronal o lo que es peor, la inactividad mental primaria.

Y sí, hoy Informes de Medios ha decidido sumarse a la estelaridad esquizofrénica pero hábil del típico transeúnte que va, como dice la canción del autor Francis Smith, de Boliche en Boliche. Y que también, es un caso perdido pero merecedor, por el esfuerzo de exhibición, de ser descripto.

27 octubre, 2009

NUEVO LIBRO: ESPERANDO LAS MARAS (27-10-09)


NUEVO LIBRO
ESPERANDO LAS MARAS, Estado embrionario en Argentina.

Autora: Laura Etcharren.

Editorial: Catálogos.

25 octubre, 2009

Cabaret lingüistico (25-10-09)

Un pequeño ensayo sobre la degradación del lenguaje en el marco de la incontinencia verbal de los actores sociales que reclaman, alegóricamente, “chalecos de fuerza”.

Política y deporte
De un tiempo a esta parte, y frente a la rebeldía enmarcada en un “progresismo” deportivamente desalineado que se impone en las nuevas generaciones como el de contracté de la política, la emergencia del deterioro de la retórica parece ser una de las principales premisas de los actores sociales en sus diferentes roles.

O el insulso amiguismo de PRO.

Exabruptos verbales frente a determinados hechos sociales pueden ser interpretados como la característica oculta del siempre callado o bien, como la necesidad de sobresalir con una frase, aunque más no sea, grosera.

Desborda, en la Argentina de Hamlet, la vulgaridad.

Desde los aparentemente preparados hasta los más elementales, se destaca el fervor de la agresión que encierra, sin ir más lejos, inseguridad. Porque el desboque es la incapacidad de poder expresar ideas; de crear un espacio de diálogo y discusión en el cual no ingresen los obsoletos reproches y la marginalidad gestual que acompaña el dicho.

“Que la chu…”. Maradona.

“Que se metan la candidatura en el medio del cu…”. Reutemann.

“En el Gobierno hay pelotu… que creen que los piqueteros ya fuimos”. D’Elía.

“La gente me agradece haberle roto el cu… a los pingüinos”. De Narváez.

No se concibe, actualmente, el disenso sin el patetismo del ataque. La descalificación se enciende como la reafirmación de lo conseguido o lo que está por venir. Aquello que potencialmente puede suceder en los imaginarios.

Así es, como desde el campo político se disparan insultos entre el oficialismo y la oposición. Igual sucede en el campo del deporte que tras las declaraciones de Maradona y con las elecciones en River Plate brotan los indecorosos agravios que se instalan en la esfera privada.

Las acusaciones de Cacho Caselli a Carlos Ávila tratándolo de alcohólico, y del segundo al primero vinculándolo con estafas y Narcos. Pase de cuentas de prostitutas, desaparecidos y el devenir de la pasión de multitudes en una fiesta cabaretera de intereses, vicios y opacidades.

“Utileros y utileras”
El lumpen siempre ha sido funcional a los medios de comunicación. Desde la teoría de la descompensación basada en que su aumento significa más rating, hasta la teoría de la perversión vinculada con el morbo y el voyeurismo, los políticos argentinos aparecen hoy como “nenes de utilería” que superan, en desquicio e incoherencias, a las “nenas de utilería” que pululan por nuestra sagrada televisión.

Como si se disputaran el podio de la inutilidad que se escuda, en el caso de las “utileras con plumas”, en el llanto, el ninguneo de los años, la horizontalidad exhibida y la denigración de género. Mientras que en el caso de los “utileros políticos” reposa en la liviandad de las excusas sobre la inoperancia y en el atropello del bastardeo lingüístico.

Y cuando no, se apoyan en el cliché de la discriminación que juguetea con lo que se le permite a los “blancos” y lo que se le recrimina a los “negros”. Tal es el caso de Luis D’Elía. El extraño personaje que se jacta de odiar y ser un resentido. Representante del simulacro de igualdad y ficticia redistribución de la riqueza que impulsa el gobierno dual que tiene cara de mujer al tiempo que huele a masculinidad.

Malestar cultural
Existe, conforme a la selección de íconos nacionales, un claro malestar de la cultura. Perdónalos Freud.

Un espejismo de una cultura cosificada y la explicación, si tomamos a Theodor Adorno, de la deshumanización que acarrea el desarrollo tecnológico que termina, ajustado a los tiempos ultra modernos, en la desideologización de la sociedad.

Empobrecimiento de la industria cultural frente al avance compulsivo de la tecnología que come libros y corrige acentos automáticamente. Claro, es la era de los nativos digitales como dice el Gobernador de San Luis. Alberto Rodríguez Saá.

TV, gráfica e internet
El conglomerado redituablemente bizarro de nuestra realidad política y social se repite en los programas de archivo, en los noticieros, en los ciclos de espectáculo y en los programas políticos o bien, en los intentos de hacer, como en el caso de Majul, un programa político. Porque se lo pudo ver a Luis Miguel, en un “idílico romance unilateral” con Charly García. A quien hasta un beso le pidió. Hace un tiempo se lo notaba vibrar encandilado frente a los argumentos sobre la vida de Alejandro Dolina.

Se derrama, en medio del incendio del país, el cholulaje de los que después se quejan de los programas de archivo pero que viven encantados con Los Profesionales y Los Intrusos.

Por su parte y como es lógico, también la gráfica se hace eco de las declaraciones descompensadas del siniestro argentino. Se aprovecha para bajar línea y demoler los esfuerzos estéticos del gusto por el lenguaje.

Cumple su función el espacio digital inundado -por el desparpajo del anonimato o la falsificación de nombres- de comentarios de lectores que, en los foros de discusión o en los comentarios abiertos debajo de las notas, demuelen a los protagonistas y/o a quien o quienes escriben.

Tsunami de barbaridades se pueden leer por internet en el lícito e interesante espacio a los lectores. La moderación, generalmente, prefiere abstenerse. Porque cuanto más cargado de atrocidades sea el comentario, mayor será la cantidad de visitar. Claro está, que existen aquellos que manifiestan sus disconformidades con educación o por lo menos, con la delicadeza de trocar un insulto por una palabra peor. Y a veces, los bálsamos de la coincidencia.

Se legitima, en la Argentina que le escapa a los usos y costumbres de la tradición, seguramente por considerarlos represores de la oralidad, la denigración de la lengua.

01 octubre, 2009

Colaterales de show (01-10-09)

Descompensados pero en pantalla, participantes y jurados de “El musical de tus sueños” dirimen cuestiones personales.

Cuando la fama mediática golpea o bien, vuelve a golpear la puerta, el caos se presenta como una de las condiciones más sobresalientes en los escenarios que guardan los secretos, las miserias, los reproches, las envidias y las absurdas rivalidades.

Un caos que emerge como consecuencia de esa adicción, que según reflejan las cámaras, produce el programa de Marcelo Hugo Tinelli que sigue remando para apuntalar la debacle que lo envuelve. Aunque en realidad, el fracaso, no es solo de Tinelli sino también, del grupo de personas que lo rodean. Desde los participantes hasta los miembros de un jurado que más allá de tomarse en serio su rol dentro del show, han creído que tienen un nivel de superioridad y estelaridad que los ubica en un lugar de privilegio.

Alfano, Pachano, Reech y Lynch.

Pachano, mucho más que un prestigioso coreógrafo, mantiene desde casi el comienzo del certamen una pelea con la elemental Flavia Palmiero que alcanza los pasillos de Tribunales. Un litigio por una frase desafortunada de quien nunca pudo trascender el nefasto infantil de la Ola Verde y de la que se desprende la duda acerca de la hombría de Aníbal Pachano.

Por su parte, Reina Reech y Valeria Lynch (esta última conserva la cordura a pesar de su conflicto con Iliana Calabró) mantienen sus lugares asentadas en el talento, la generosidad de las consagradas que no necesitan de escándalos para trascender y la impronta de un conocimiento asimilado y no momentáneo.

En cambio, Alfano siempre quiso ser jurado y nunca se atrevió al desafío del baile, más allá de señalar al resto como si ella fuese una eximia de la danza.

Claro, el rechazo se debe a que en varias oportunidades se la vio bailar con Matías Ale y la ausencia de estilo era notoria. En ocasiones ella le ha criticado la introducción de pasos de murga o bailanteros. Pasos que los han destacado a ellos en todas las fiestas porque parecían memorizados.

Lo cierto es que Alfano se tomo muy en serio sus clases de teatro con Julio Chávez.

De rigurosa asistencia y permanente estudio, Alfano, en los últimos tiempos, es más actriz por ser alumna que por desempeñarse en algún trabajo. Consciente de ello, improvisa en su papel de jurado que para poner buena nota, como ella dice, necesita pegarse el viaje. Que las coreografías le hagan revivir o vivir situaciones que la motiven. Que la transporten.

También desde ese puesto baja línea y las miserias de su relación con Matías Ale, que ahora se enarbola en la amnesia de los caballeros, comienzan a aflorar. Empieza a verse, la mercantilización del amor. Y ni siquiera los muertos se salvan, ya que la actriz confesó haber tenido un intenso romance con el cuartero Rodrigo, más conocido como “El Potro”.

La exhibición de los caprichos y los secretos de alcoba que se publican con la jactancia de la sumatoria horizontal ponen entonces al descubierto, el por qué del fracaso.

Porque mientras del lado de Escudero que rebota en Ale se la ningunea con los años, ella se “defiende” y cae en la devaluación de la mujer. Deviene en un lumpen mental recoleto que alarma por la vulgaridad con la que relata el sexo y no la sexualidad.

A eso se le suma el pauperismo de Ale y la festividad del náufrago. Marcelo Tinelli. Quien no tolera la decadencia del rating y opta por sumergirse en la preparación de la grabación.

Ni siquiera él, con dos décadas de pantalla, puede afrontar las colaterales del show. Y tampoco ha comprendido que entre lo excéntrico y bizarro hay una línea absolutamente delgada.

Un condimento de más a la excentricidad es la entrada bizarra que conlleva la máxima perversión y descompensación.

Porque si algo se observa entre los personajes más mediáticos de “El musical de tus sueños” (Ale, Escudero, Vélez, Alfano, Calabró) es el desequilibrio agudo.

El enmascarar que no pueden discernir show de realidad y de ahí el armado explosivo de situaciones que trascienden el buen gusto y que terminan, inexorablemente, por el zapping del televidente que ya no encuentra en los formatos de Tinelli la distención de años atrás.