14 julio, 2008

A los caños

Observaciones sobre el programa que más mide en la televisión argentina, “Show Match”. Más, el baile del caño.

El éxito
No cabe duda que “Bailando por un sueño” ha sido el formato, dentro de “Show Match”, que más rentabilidad le ha dado a Marcelo Tinelli. Tanto es así, que las performances y los escándalos solucionan el trabajo de producción de muchos de los programas televisivos que se nutren de un show que por lo general, no tiene desperdicio alguno.
Y cuando parece que es más de lo mismo y agota por la ausencia de conflictos debido a que son pocos los participantes ultra mediáticos, algo sucede y la tendencia cambia notoriamente. Se crea expectativa y Marcelo saca el as que siempre guarda para demostrar que no por nada es el consagrado de la Caja de Pandora.
Mientras prepara la vuelta de “Patinando por un sueño” el conductor explota al máximo las instancias que se suceden en su ciclo. Se entera, mediante los programas de chimentos, todo aquello que le interesa de la vida privada de los concursantes para llevar adelante una previa en la que prima el doble sentido, las ironías, a veces la burla y si es posible, la pelea. Porque Marcelo Hugo ha demostrada en reiteradas oportunidades que disfruta del caos mediático. Que le encantan las rupturas de parejas para entablar una relación lúdica, fundamentalmente, con las mujeres y denostar a los hombres que están del otro lado de la pantalla. De este modo aprovecha para bajar línea y hacerle sentir a sus “enemigos” que a él nada se le escapa. Para demostrarlo, trajo a la pista de baile a la modelo uruguaya Eunice Castro.
Mujer espectacular, ex esposa de Jorge Rama. Quien desde hace tiempo comparte su vida con Susana Giménez.
Cuando la uruguaya se presenta, Tinelli nunca deja de hacer referencia al tema de Rama y de manera socarrona, se pregunta cómo es posible que el empresario la haya dejado por la rubia diva. Entre risas y respuestas evasivas, se la deja a Susana en un lugar poco decoroso para una dama al tiempo que queda expuesta al típico y barato chiquitaje de la edad.
Bajo estas características se transita el programa y se aguarda la llega del caño. Un baile que el animador espera desde la primera gala y que a partir de mañana o el jueves podrá verse por la pantalla de Canal 13.

Mamarracho a la moda
Luego de la presentación de Daniel Santillán (alias la “Tota”) en el ritmo de video clips, quedó claro que la televisión argentina, lícitamente, da para todo. También que algunos personajes harán cualquier cosa para asegurarse, luego de la performance, la aparición en todos los medios. De ahí que Santillán haya salido vestido con la estética del grupo Kiss, evidenciando su falta de sentido acerca del ridículo y su necesidad imperiosa de llamar la atención. Sucede, que su patético rol de bailantero romántico comienza a agotarse. A ser poco creíble e incluso, a colocarlo en un lugar penoso que gana la burla de algunas mujeres que con tal de trepar en el ambiente se suben a la vorágine de llantos, cantos y deseos de torta frita que alberga el conductor de la movida tropical.
Una emulación de Kiss lamentable que por el voyeurismo imperante de la sociedad de consumo, la espera de los grotescos y la posibilidad latente del error coreográfico, midió excelentemente. Fue, un mamarracho a la moda, luciendo, los siempre tradicionales, blanco y negro.

A los caños
Es el baile más esperado aunque también, el más temido. Puede ser absolutamente artístico o completamente vulgar. Todo depende de quién y cómo lo haga. Incluso, se puede arrimar al ridículo. Situación que, seguramente, elevará el rating.
Lo cierto es, que la expectativa está instalada con la particularidad que, en este Bailando 2008, la atención está puesta, principalmente, en los tres famosos que concursan.
El simpático y buen actor Marcelo De Bellis; el impresentable Santillán; y Pablo Ruíz, el cantante de agotado repertorio.
Eclécticos entre si, despiertan la atención de los consumidores.
El primero porque baila muy mal; el segundo por su único atributo, el volumen; y el tercero porque baila bien pero llora y grita en su previa como cantante. Parece, una gallina alborotada o una cabra loca con algunas pulsaciones que evidencian que los pantalones le molestan. Como si un extraño estuviese en su cuerpo.
Del lado de las mujeres el tema cambia.
De acuerdo a las declaraciones de algunas famosas que atravesaron por bailando, la experiencia del caño es única. Marca, para muchas, un antes y un después en la vida sexual.
Pareciera ser que la relación de confianza e intimidad que debe entablarse con el caño para que la coreografía salga impecable es un trabajo arduo pero placentero. El cual, las lleva a un estado de desinhibición especial que las invita a llevarlo a la esfera privada para practicarlo con su pareja.
Casi todas quieren llegar a esa instancia y demostrar en cámara lo que pueden hacer con el. Un elemento simple e insignificante que en el contexto de “Show Match” es todo un símbolo. No solo para quienes integran el certamen sino también, para los televidentes que esperan ver a los famosos sujetarse al mismo.
Veamos. Al principio el grupo de las modelos se resiste. Luego, comienza a mirarlo con cariño y al momento de la gala, se sueltan completamente. A veces logran fascinantes actuaciones y otras no tanto. Por otro lado, tenemos el grupo de las vedettes que encuentran en el caño la forma de exteriorizar un caudal de sensualidad y sexualidad. Se valen, de la expresión corporal sin reparo alguno dentro del marco de un montaje.
Otro grupo, ya precario, es el de las inútiles. Aquellas que no pueden bailar ni siquiera cumbia, deben hacer trucos en el caño. Y subirse al caño no es una tarea sencilla. Por el contrario, es compleja. De hecho, hay profesoras de caño.
Se requiere además de destreza y fuerza. Es decir, tener hierro. Haberse comido un buen churrasco o una buena milanesa y no una simple zanahoria. Porque de ser así, lo único que hay es una insólita frotación o roce con un palo que si no se lo maneja, no vende. No le brinda al espectador lo que quiere ver. Entonces, no compra y se busca sacar a la famosa lo antes posible.
Para este grupo de inútiles y carentes de neuronas, el caño deviene en una tortura. Situación que, con astucia, puede revertirse. Sobre todo, si la mujer utiliza otros instrumentos frívolos y corporales que nada tienen que ver con el talento. Talento que, para ellas, no es más que una quimera.
Pues buscar por ejemplo, salir desnuda pero con su cuerpo pintado o rematar la performance con un topples. Incorporar, por lo menos, un poco de actuación y si es posible, tener actitud de caño.
Existen artilugios que dependen entonces de las cualidades a las que pueda alcanzar la “bailarina” así como de la habilidad de los coach. Todo requiere de práctica en cabaret y escuelas de baile. Además de clases teóricas y mucha visualización de las expertas.
Con todo ello, tal vez, puedan encontrar en el caño la salvación o bien, irse a los caños.