Daniel Santillán (alias “La Tota”) el nuevo "capanga" de la televisión.
De un tiempo a esta parte, y como consecuencia de lo redituable de los escandaletes a nivel rating, la televisión argentina así como los diversos portales de internet tienen en boga los dimes y diretes generados alrededor de Santillán. Notero y conductor emergente de la movida tropical, aún se encuentra enarbolado en la figura de quien fuera uno de los máximos exponentes del cuarteto, Rodrigo.
Santillán, “casado” durante ocho años con Fernanda Vives es acusado de infidelidades, amenazas, golpes y una serie de situaciones poco claras que lo colocan en el centro de la escena mediática así como en el panóptico social. Con lo cual, se entrecruzan opiniones a favor y en contra por parte de la audiencia. Y por supuesto, de los conductores y panelitas de los programas de chimentos. Sucede, que este personaje se ha convertido en un fenómeno social atractivo que despierta, por un lado, el morbo y voyeurismo de un espectador que espera la llegada del ridículo y por otro lado, la solidaridad de otros que trascienden la estética para involucrarse, estratégicamente y con una posición tomada sobre las formas de actuar, pensar y sentir del protagonista.
“Los profesionales de siempre” se alinearon a Vives e “Intrusos”, casi en su mayoría, a Santillán. Lo cual es acorde a las reglas de juego. No tendría sentido que comulgaran con el mismo personaje o bien, que sumaran ponencias concordantes. Pero más allá de esos encuadres, la ex pareja le da notas a todos los programas. Incluso, el señor apodado “La Tota” asiste al piso de la profesional y el intruso sin inconveniente alguno.
La idea es explotar las situaciones de la vida privada haciendo de ellas, prácticamente, escenas de la vida cotidiana en la esfera pública. Razón por la cual, se desdibuja el límite entre dichas esferas y todos son partícipes de un estado de situación que sorprende por las bajezas que se producen así como por la sofisticación de lo bizarro y vulgar en un contexto en el cual, todo es una contradicción en sí misma.
Se hace abuso de las cámaras porque ellas sirven para mostrar un costado ficticiamente dramático que versa entre lágrimas, nostalgia, ahogo y constante victimización sobre las situaciones que le tocan vivir tanto a uno como a otro. Además, por parte del hombre, se puede asistir a un repliegue contra el jurado de Bailando por un Sueño cuando no lo califican como él considera que debieran hacerlo. En ese momento, se inicia un proceso de justificación acerca de los motivos que le impidieron llevar a cabo la performance esperada.
Entonces, el atributo de su volumen aflora y el tráfico de culpabilidad se hace presente al aire y fuera del mismo. Sin embargo, y más allá de presentarse como un muchacho sencillo y humilde, su faceta conflictiva existe. A punto tal de confundir mala educación con injusticias. Aparece así, el costado de divo. Según cuentan, se cree Brad Pitt. No precisamente por sus características estéticas sino por las supuestas cualidades seductoras que algunas mujeres parecen descubrirle.
Siempre rodeado de chicas que oscilan entre felinos y “nenas de utilería” se maneja con la dualidad ingenuidad/hombre fatal. Entabla con los periodistas un juego de distracción al contestar siempre: “Todo bien, no pasa nada, nos estamos conociendo”. Un cliché que agota, fundamentalmente, cuando sus acciones, así como su mirada libidinosa demuestran que en el mundo “totense” nada es inocente y mucho menos aleatorio.
Aparece lo berreta por la ambigüedad y su exagerada necesidad por demostrar que las mujeres lo desean sexualmente deviene en una situación que abarca lo gracioso y desagradable.
Se esmera para que se capturen imágenes en las que se lo pueda observar como un hombre apetecible para tener una relación que supere la verticalidad. Es por eso que con desmesura abre su boca y se convierte en la "sopapa asesina babosa" que succiona cuanta boca ávida por un minuto de luz en el programa de Marcelo Tinelli pulula por bares, boliches y canales de TV.
Porque la congelación y reproducción de esa imagen garantiza el recorrido de los protagonistas por todos los canales aunque también del resto de los adictos al me dijo, le dije, le digo.
Incluso, tan importante se ha vuelto el negocio televisivo que hasta Luismi Majul, ayer en su programa prefirió, momentáneamente, dejar de lado la realidad político/social del país para dedicarle unos segundos al circo “totense”.
Un circo que dará para más conflictos, dado que sin ellos y fuera de su rol de "capanga", ni Santillán ni Vives son funcionales a las demandas de la sociedad de consumo.
Mike Amigorena habla de Canosa
Hace 1 hora.
