12 septiembre, 2008

Proyecciones

La televisión que se nutre de escándalos y un Matías Alé con síndrome mediático.

Primera Proyección: Como si fuese un film cinematográfico que se divide en diversas historias, la televisión argentina alcanza niveles insospechados de grotescos que se debaten entre la veracidad y lo lícitamente orquestado. Porque cuando los escandaletes que se suceden compulsivamente en Bailando por sueño y ahora en Patinando, ingresaron en un período de decantación que se visualiza en los números, la separación Alfano/Alé cambia el eje de la información y con ello, la dinámica se vuelve aún, más voyeur. A lo que debe sumársele, el condimento del regodeo que experimentan aquellos que esperaban con perversidad dicha ruptura.
Se reaviva la hoguera de las vanidades y todas las divas, incluso, la más despistada, como es el caso de Susana Giménez, se nutre de la situación. Salen a opinar acerca del cómo y los posibles por qué. Aunque les pese, y más allá del disfrute que niegan y no obstante sienten, ellas transitaron ese mismo camino, claro está, con sus propias características.
Hasta la señora de las cuatro décadas (Mirtha Legrand) anhelaba, conforme a sus comentarios cuando Alfano era su invitada, este desenlace. Sucede, que la señora debe canalizar por algún lado muchas de las molestias que le han causado las acciones de su nieta Juana. Acciones que por cierto, no tienen nada de malo pero que antes de producirse, la Reina Madre, como la bautizó el señor Chiche, juzgaba y señalaba.
Todo ello proyecta, decadencia del ser y la antesala de un cambio de paradigma o ciclo en la TV.

Segunda Proyección: Por estos días, Alfano/Alé están bajo el panóptico social y periodístico. Ni siquiera D’Angeli internado, tras el accidente aéreo, pudo captar mayor atención que estas dos personas cuestionadas, queridas, odiadas y envidiadas.
Tanto es así, que ahora, emergen nuevas “nenas de utilería” que se adjudican romances, roces o conocimientos cercanos horizontales con Matías Alé. Un chico, aparentemente sencillo y de bajo perfil, que esconde un alter ego interesante. Si se lo observa con detenimiento, parece que en lugar de querer desarrollarse y evolucionar, le juega, con sus 31 años, una carrera a la vida. Como si esta, terminase mañana.
Porque más allá del vértigo que puede darte la juventud, existe algo que se llama criterio y en algunos casos, sentido común. Sentido y criterio que demuestra carecer. Es por eso que se lo puede ver en un rol, para este blog, lastimoso de chico pirata que esgrime el velo de un duelo. El cual, no se pone en duda ni se cuestiona, ya que no es la función que aquí se plantea.
El análisis pasa por la construcción subjetiva y de discurso en la que se embarca. La cual, tiene que ver con sus formas de actuar y de presentarse en los medios.
Veamos. Más allá de estar con trabajo, proyectos y de reiterar el cliché del agradecimiento a los medios por el respeto y la compañía de siempre, no esquiva las cámaras y mucho menos, las evita. Por estas horas experimenta un narcisismo bombeado por los periodistas. Se apoya, además, en la señora de las coloradas alucinaciones que ve en Matías Alé el próximo Alain Delon de cabotaje. Mientras tanto y como consecuencia de la inauguración de su Restaurant (Donovan) reparte sushi por los canales y productoras. También invita a los comensales la primera vez que asisten al lugar. Una especie de emulación de Raúl Castells pero de la zona de Palermo. Solo que en lugar de repartir torta frita, reparte sushi.
Con lo cual, se proyecta un síndrome mediático que evidentemente le fascina y en el que reitera su gratitud a ese millón de amigos que dice tener al mejor estilo Roberto Carlos.

Tercera Proyección: Lo cierto es, que al no caminar más con Alfano, Alé se siente alguien dentro del medio. Un alguien a quien costó forjar. Costó, nada más y nada menos, que nueve años. Ardua labor para que ahora, se convierta en un patético mediático que nutre, por sus falencias, a los guionistas de las distintas producciones. Por ende, proyecta no haber capitalizado y mucho menos, aprendido nada. Sigue siendo, un proyecto.

Cuarta Proyección: Si le fue funcional y contenedor, más allá del amor, transitar el proceso de crecimiento y socialización en el ambiente con ella; por qué alejarse en el despegue y la instalación. Instancias que más que nunca requieren de la sabiduría y la experiencia de los años vividos.
El tema reside en que esta pareja nunca fue un rubro ni una dupla laboral. En ese papel se los colocó y como las reglas de juego lo ameritan, en ocasiones, explotaron esa imposición. La realidad se asienta en Graciela como un pilar de Matías en todos los aspectos de la vida. Una base teórica y práctica que trascendía la relación íntima. Un todo acabado que por la inteligencia de ella siempre estuvo dividido en la esfera de lo privado.
Sin confusiones ni celos. Al contrario. Con absoluta generosidad y con la paciencia que solo la experiencia puede dar. Entonces, la cuarta proyección apunta a que la inteligencia, una vez más, supera la plancha mental.

Quinta Proyección: Empíricamente se ha comprobado que divas hay pocas. Demasiados cachivaches y mamarrachos andan sueltos por los pasillos de las productoras, los canales y los teatros que ni siquiera tienen una brisa de estelaridad. Sin embargo, pretenden emular ser como tal o cual por hacer intensivas y persistentes recorridas por las oficinas. Principalmente, por las de Ideas del Sur.
La red carpet, lindas, no es para todas. De ahí, que la quinta proyección tenga que ver con los delirios de los decoradas en una maratón casi frustrada de ascenso como consecuencia de la carencia sostenida neuronal.

Sexta Proyección: En cuanto a los divos, en Argentina, hay muy pocos y encima, no pertenecen al mundo del espectáculo. Es por eso que a Matías Alé, el papel de divo, lo convierte en ridículo.
El divismo no es algo que se contagia. Es algo que solo pocos pueden alcanzar. Ni siquiera puede compararse con el carisma ni con la llegada al público. Eso, es otra cosa. Razón por la cual, decir “mis abogados están mirando todo lo que se emite sobre mí para luego ver que medidas tomar” es demasiado.
Decir, por ejemplo, “la gente que trabaja para mí” con si tuviese un séquito atrás y/o a su alrededor trabajando para él y no con él, es demasiado.
Asentir frente a las proposiciones de un periodista cuando le dice que él humanizó a Graciela Alfano ante la gente, ya es un exceso. O tal vez, no sabíamos que Alé era el predicador evangélico de la TV como Scioli lo es de la política. De ahí que la sexta proyección debamos hacerla al cubo.
Al chico de “Patito feo”, que en realidad así era cuando hacia de notero para aquel programa de Georgina Barbarrosa, le falta asistir a Infocampo para completar su tour mediático.
Le faltan además, infinitas dosis de Danonino para rozar apenas la puerta del divismo. Y aumentar su vocabulario para sacarse el cassette que la señora que oscila entre el psiquiatra y las medialunas rellenitas, de manera insoportable y bajo los parámetros de la obviedad, le ha insertado.

Séptima proyección: “Vedettísima” comenzó a calentar los motores, esta vez, a costa de “Santa Alfano”.