El “divo” de la obviedad y la carencia del talento.
Aparece en todos los programas de TV, menos en “Intrusos” luego de haberles enviado una carta documento. Es un intento frustrado de conductor, actor y bailarín pero con estériles brisas de divismo.
Abrió un restaurante y se haya en una búsqueda constante de agradar a terceros, repartiendo, por ejemplo, sushi en los diferentes programas de televisión.
Desde que se separó, aparecieron en su vida varias “nenas de utilería”. Incluso, ahora, se comenta que tiene un romance con Natalia Fassi. La chica que sirvió de puente para realizar una de las transacciones, según fuentes, más importantes entre miembros del campo artístico y deportivo.
Son chicas que no pueden armar una oración con sujeto y predicado. No obstante, están en el medio porque son un derroche atractivo de brutalidad para el televidente que llegado el momento, las observa como si fuesen rarezas corporalmente voluptuosas con importantes vacíos cerebrales.
Retomemos. El chico cuyo mayor atributo es contar chistes malos, pide que no se lo interprete. Simplemente, que se lo juzgue por como fue su performance. Si es por eso, directamente, tendría que volverse a su casa. La cual, de acuerdo a lo que ha mostrado una revista con patéticas fotografías, se encuentra casi vacía. Incluso, hasta puede verse una heladera sin contenido que en el mejor de los casos está homenajeando a su cabecita loca.
Emula ser un hombre y en realidad, es un proyectito que de no ser por escándalos y por haber recibido un claro bombo de su ex mujer, por decantación, hubiese desaparecido de los medios. Actualmente, es la “colorada” la encargada de adularlo en los medios y parece que, Moria Casan, la experta en ponerlo en su lugar, tratándolo como "periférico de la farándula".
Se trata pues, de Matías Alé. El chico que se encargó de demostrar que sin Alfano no tiene cintura. Ni estética, ni con la prensa. No sabe hablar y utiliza, compulsivamente, diminutivos que lo hacen extrañamente femenino.
Por su parte, su partener, bautizada como “huevo duro”, en lugar de asistir a varios programas para opinar de Graciela Alfano debería utilizar ese tiempo para concurrir a un lugar de asistencia vocal para no taladrar los oídos del público.
Ahora bien, por estos días se evidencia que la lógica del despojo forma parte de la vida del chico que necesita tomar mucho danonino para crecer dentro del ambiente. Porque al revés de lo que le sucede a otros, Alé, se encargó de auto despojarse de un bagaje cultural y de una serie de aprendizajes vinculados con el capital que se obtiene a través de los viajes por distintos lugares del mundo. Su lógica de auto despojo se debe a que a ciencia cierta, nunca asimiló nada.
Su meta era acumular lugares y no conocimiento. Sin embargo, de lo que por mucho tiempo no se podrá despojar, es de ser el ex de Graciela Alfano. Para ello, debería trascender esa relación con talento. Cualidad que no tiene, más allá de las clases de teatro que pueda tomar.
Es el “divo” de la obviedad. Y mientras cree que avanza, retrocede de la mano de quien ahora lo venera: Carmen Barbieri. Con quien hará temporada en un elenco caracterizado por el rejunte y en el cual piensan que Alfano, está deprimida.
Nada más lejano. Atraviesa por un momento distinto de su vida que no tiene que ver con volver a empezar sino con continuar. Sucede, que ella siempre será ella. Ya es una marca registrada que entra y sale cuando quiere. Que disfruta, por la exquisita Recoleta, de deliciosos cafés junto a sus amigas y/o conocidas sin hacerse la tonta como hacen algunas al decir que no saben nada del otro. Ella sabe más de lo que muchos suponen pero este, no es el momento adecuado para decirlo, dado que se maneja con criterio. Para eso fue enviado aquel comunicado de prensa.
Ella continúa su vida. Las reuniones no son un culto a Matías Alé. Quien aunque lo intente o se lo hayan querido hacer creer, nunca fue el epicentro de nada. Ni siquiera, de sus propias torpezas. Antes era el marido de y ahora, es el ex de.
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