19 junio, 2008

Anaconda

Un miembro más de la Caja de Pandora y de otros medios juguetones.

La falta de figuras y la decadencia en materia de preparación de la nueva camada que emerge, en su mayoría de los escándalos, hace que lo más insospechado cobre relevancia para sostener el rating y mantener el producto en pantalla.
Ello explica la ingerencia de la presencia de Carlos Nair al interior de un programa.
La aparición del hijo de Carlos Menem en el reality show “Gran Hermano” tuvo una fuerte explosión en los medios y el consumismo. Sea por morbo, curiosidad, interés o bien para denostarlo, el chico de Formosa dio que hablar dentro y fuera de la casa.
De características simples e interesado por el arte culinario que suele practicar en la esfera de lo privado así como en lo público, el hijo del ex presidente logró trascender la figura de su padre y adquirió una identidad propia por su forma de presentarse en los medios, sus andanzas de joven por la noche y por aquello que perturba a mujeres solas y por qué no, acompañadas también. Se trata de anaconda.
Una parte de su cuerpo que tiene vida propia. Lo que hace que por deducción se arribe a la conclusión que establece que: si Carlitos logró trascender a Carlos, anaconda logró superar a ambos. Tanto es así, que ella se ha convertido en la protagonista indiscutida de todas y cada una de las entrevistas que le hacen al ex GH.
Ocurre, que anaconda le ha dado fama a muchas de las lumpen que pululan por los programas de chimentos. Aquellas que no tienen importante atributos artísticos, que no saben ni siquiera expresarse pero que han logrado sacarse una foto con él y a raíz de la misma han podido sentarse a conversar con un panel periodístico.
Aunque conversar es una manera de decir, ya que lo único que les interesa saber a los panelistas es si la chica en cuestión, por lo general vedettes de escenarios uno por uno, conoció a anaconda y si es tan increíble como se supone. Definir sus dimensiones y saber si ellas coinciden con las descripciones de algunos de los integrantes que compartieron el reality más decadente del país.
Si hacemos una retrospectiva, encontramos que la historia de anaconda comenzó cuando Mariana Otero (una ex panelista de Acoso Textual) mientras Nair dormía la típica siesta formoseña en el contexto de GH, le desabrochó el pantalón. Allí se asomó ella. Perezosa, incomprendida y atravesando por una casi lógica abstinencia en precavido celibato. Ella que desconocía que sería más famosa que su dueño. Que estaría en los sueños de mujeres y lo que es peor, de hombres. Ella que se ha instalado en los imaginarios populares y no populares. Ella que ya forma parte de guiones, humoradas y de la previa que Marcelo Tinelli hace con Fernanda Vives en “Bailando por un sueño”. Vives, la chica con serios problemas de dequeísmo que pasó del volumen corporal de la “Tota” Santillán al volumen íntimo de Nair, ha logrado tener varios minutos de pantalla chica con especulaciones sobre su real o ficticio conocimiento.
Porque entre las chicas y anaconda se ha entablado una situación lúdica que despierta el morbo de los chimenteros y no chimenteros que son legitimados al momento de tratar el tema por un televidente a veces ocultista que no quiere reconocer explícitamente que desea ver la magnitud de anaconda. No obstante, a través del encendido, el ocultismo se desvanece, comprobando, una vez más, el voyeurismo imperante.
Veamos, el tráfico de información revela que hasta en las mesas de café se habla del tema. Famosos de las distintas esferas se preguntan si será cierto que el hijo de Menem es portador de anaconda. Surgen los interrogantes acerca de si es merecedor de la misma y si será un factor hereditario. Con lo cual, el riojano, conocido como seductor, es puesto en el panóptico social como posible precursor de anacondas. De ahí, que sean varios y diversos los hombres que quieren saber cómo puede ser posible que algo que ellos también poseen, en la figura de Carlitos, tenga tanta resonancia.
La respuesta reside en que anaconda se hizo famosa ante las cámaras de televisión que fueron testigo de su salida. Lo mismo que sus compañeros allí presentes que vieron algo aparentemente inesperado. Tan inesperado, que la pregunta predominante cada vez que su dueño aparece en algún medio, es saber cómo está ella.
Ahora bien, anaconda ha tenido un mérito indiscutido. Ha logrado unir a Canosa y Rial en un mismo interés. En la necesidad periodística de comprobar o derribar el mito. En descifrar el enigma mediante lo que puede darse en llamar; Operación Anaconda. Porque tanto el intruso como la profesional manifiestan un interés sobrecargado al respecto. Se inquietan y no se preocupan en esconderlo. Ellos quieren saber, haciéndole honor a su rol de periodistas, qué, cómo, cuándo y por qué. También, quién ha sido la beneficiada parcial. Sucede que el tema de la parcialidad, aquí es fundamental.
Nair Menem les levanta el pulgar pero luego, y de manera muy caballeresca, se los baja. Es decir, él no hace mediáticas sus relaciones. Son las chicas con sed de fama escandalosa las que se cuelgan de él y por sobre todo de anaconda para iniciar su tour televisivo. Entonces, Carlitos aplica el efecto freezer, congelándolas en un anecdotario personal que jamás las devaluará. Por lo menos, no desde la retórica de él.
Anaconda, sin proponérselo, es la nueva integrante de la Caja de Pandora. Es parte integrante del me dijo, le dije, le digo. Ocupa la atención de los trabajadores que conocen las reglas de juego y saben cómo hacer de un miembro un gran número para entretener y satisfacer a una sociedad de consumo que te da la derecha en tanto se cubran sus demandas. Así es como la TV se autorregula y anaconda, cada vez que aparece, les es funcional a ese fin. Razón por la cual, se pone nuevamente en evidencia, que los consumidores buscan en los canales abiertos un espacio de distracción, divertimento y alejamiento de los problemas de la vida cotidiana.
Se despojan de lo cultural y se embarcan en un show que no busca instruir ni educar. Lo toman tal cual es. Con sus grotescos, picardías y al borde de la vulgaridad cuando no se sabe manejar la caída al precipicio.

03 junio, 2008

"Marxismo televisivo"

La deformación de la lucha de clases de la mano de Jorge Rial.

Marcelo Tinelli es la prueba viviente de lo que puede generar un show televisivo compuesto, en su mayoría, por famosos mediáticos. Eclécticos entre ellos, conforman un zoológico de personalidades encantadas por las cámaras. Algunos, ya extasiados, hacen cualquier cosa por esa previa de 5 minutos al baile. Sucede, que son concientes de las repercusiones que tendrán al otro día. Saben que un minuto en lo de Tinelli es el equivalente a un tour mediático por los programas de Canosa y Rial. A estar en los informes graciosamente despiadados de "Bendita TV" y a los poco menos simpáticos de "RSM".
Es así como está planteado el programa. Un poco de armado y otro poco de espontaneidad.
Un cocktel explosivo para la dinámica de una TV que se autorregula respondiendo a las demandas de la sociedad de consumo. La cual, a través del encendido ha sabido legitimar los formatos que se encuentran al interior de “Show Match” y con ello, todos los grotescos y escandaletes que forman parte de un espectáculo que dista concientemente de pretender impartir cultura o algo que se le parezca.
Aquello que se ve, es lo que hay. Razón por la cual, no es una novedad que los dimes y diretes; el me dijo, le dije, le digo; y los apodos de backstage formen parte de este Bailando.
En la hoguera de vanidades del mundo del espectáculo siempre han existido los celos y la imperiosa necesidad de destacarse por sobre el otro. Es una tendencia sostenida que en un certamen de competición de baile se agudiza, puesto que allí no solo se juzgan las performances sino también el carisma e incluso, los esculturales cuerpos de algunas de las concursantes famosas. Entonces, los egos están a flor de piel.
Se presentan como naturales protagonistas de muchas de las polémicas que se generan, cayendo así, en la obviedad de la descalificación. Un absurdo cliché que es funcional y redituable a los fines de aumentar el rating y la popularidad de las más escandalosas del programa que se dedican a hacer, de una tontería, un culto “analítico” o bien, un extremo lamento boricano.
De manera pasiva o activa todos son grandes operadores.
Están quienes deben esforzarse más; otros que ya tienen trayectoria y pisan fuerte; y otros que calculan desde la entrada hasta la salida. Trabajan para ellos mismos y alimentan, además, al resto.
Ocurre, que en la Caja de Pandora nadie es inocente. Entonces, las diferencias entre lindas y feas; grasas y finas; modelos y vedettes; huecas e inteligentes, no es un hallazgo que merezca reverencia. Está a la vista de los televidentes quién es quién. Quién sabe hablar y quién no.
Por tal motivo, referirse a la guerra o a la lucha de clases en las bambalinas de Ideas del Sur es un exceso que ataca a los estudiosos y a las teorías que supieron crear.
Rebaja, fundamentalmente, a Marx y Gramsci.
Veamos, la eliminación de una de las figuras, en apariencia naif, del concurso –Belén Francese- desató esta polémica que sirve para desviar atenciones y que agita, tal vez sin quererlo, la sensibilidad de algunos sectores sociales que aún no comprenden que la televisión argentina, en esta etapa de la historia y más aún, en este tipo de programas, no puede ser interpretada de manera literal.
Despechada porque la gente no le dio la derecha, evidenciando con ello que no soporta su postura de infante que adolece de criterio, sentido común y dialéctica, contó en el programa de Jorge Rial -"Intrusos"- los sobrenombres que algunas participantes les adjudicaban a otras y por supuesto, al jurado mismo.
Lo cierto es que la gente no compró las rimas y los intentos de rimas de la voluptuosa Belén. Pero lo peor, es que ella sale a contar la historieta de los apodos porque quien la destronó fue la nueva novia de la impresentable “Tota” Santillán. Una señorita que como los conejos, salió de una galera y ahora repite la historia de la ex del bailantero, Fernanda Vives, pululando por todos los programas de TV y yendo al piso de la productora de Olleros para ver el desempeño de su nuevo amor.
A partir de entonces y con un background limitado de rendimiento artístico de varias de las implicadas, se desata esta malentendida guerra o lucha de clases como el intruso la ha bautizado, demostrando que su bagaje cultural a su pesar, también es limitado.
Es decir, el concepto de lucha de clases no puede ni debe ser forzado para ajustarlo de manera acomodaticia a cualquier situación de la vida. Eso es no comprender las teorías y encima, abortarlas en la deformación de la banalización. De esta manera Rial retoma su rol de la Carrió del espectáculo. Mientras ella deforma a Arendt, él arremete contra Marx y Engel.
Para ellos, la historia de las sociedades es la historia de la lucha de clases. Lucha que representaba, conforme a lo escrito en el Manifiesto Comunista, el motor de la historia. Aquella que se ha visto condicionada por el modo de producción capitalista propio de la sociedad burguesa, modificando la estructura social y creando dos clases antagónicas: burguesía y proletariado.
Con lo cual, esta teoría nada tiene que ver con lo que sucede en “Show Match”. Espacio en el cual, la Revolución del Proletariado bregada por el marxismo dudosamente tenga cabida. No solo porque no se ajusta a la diagramación del programa sino porque los dedos de una mano alcanzarían para contar las personas que saben quién fue Marx, que se entendió por lucha de clases y por supuesto, qué se interpretó por Revolución.
La chica de la canción del “poto” si no pudo seguir debidamente los compases de una coreografía, raro sería que pueda seguir los pasos revolucionarios.
Por lo tanto, la construcción periodística que intenta hacer el conductor veleta, si la elabora, se dará cuenta que lo único que hace es desprestigiarlo intelectualmente. Sobre todo él que se jacta de su erudición.
Rial, que ha criticado al jurado por querer tener más protagonismo, también vive de Marcelo Hugo. Individuo que por estos días debiese ser considerado una gracia divina para los programas que se desarrollan y nutren prácticamente de todo lo sucedido en las jornadas del culebrón venezolano de Bailando.
Ahora bien, es tanto lo que se genera entorno a este show que el desgaste de las participantes demasiado involucradas se siente. Tanto es así, que pierden de vista que el chiquitaje forma parte de las reglas de juego y se victimizan. Como si esto no hubiese ocurrido años anteriores. Como si esta descalificación fuese algo nuevo.
Off de record todo se sabe. Y cuando se destapa no es por una cuestión aleatoria o por un descuido involuntario. Lo de Francese, no fue más que una estrategia para no perder vigencia una vez fuera del programa más visto de la televisión argentina. Y Rial que conoce el medio aprovechó de esa incontinencia para pegarle a Gerardo Sofovich y querer imponer un frustrado marxismo televisivo.