Un miembro más de la Caja de Pandora y de otros medios juguetones.
La falta de figuras y la decadencia en materia de preparación de la nueva camada que emerge, en su mayoría de los escándalos, hace que lo más insospechado cobre relevancia para sostener el rating y mantener el producto en pantalla.
Ello explica la ingerencia de la presencia de Carlos Nair al interior de un programa.
La aparición del hijo de Carlos Menem en el reality show “Gran Hermano” tuvo una fuerte explosión en los medios y el consumismo. Sea por morbo, curiosidad, interés o bien para denostarlo, el chico de Formosa dio que hablar dentro y fuera de la casa.
De características simples e interesado por el arte culinario que suele practicar en la esfera de lo privado así como en lo público, el hijo del ex presidente logró trascender la figura de su padre y adquirió una identidad propia por su forma de presentarse en los medios, sus andanzas de joven por la noche y por aquello que perturba a mujeres solas y por qué no, acompañadas también. Se trata de anaconda.
Una parte de su cuerpo que tiene vida propia. Lo que hace que por deducción se arribe a la conclusión que establece que: si Carlitos logró trascender a Carlos, anaconda logró superar a ambos. Tanto es así, que ella se ha convertido en la protagonista indiscutida de todas y cada una de las entrevistas que le hacen al ex GH.
Ocurre, que anaconda le ha dado fama a muchas de las lumpen que pululan por los programas de chimentos. Aquellas que no tienen importante atributos artísticos, que no saben ni siquiera expresarse pero que han logrado sacarse una foto con él y a raíz de la misma han podido sentarse a conversar con un panel periodístico.
Aunque conversar es una manera de decir, ya que lo único que les interesa saber a los panelistas es si la chica en cuestión, por lo general vedettes de escenarios uno por uno, conoció a anaconda y si es tan increíble como se supone. Definir sus dimensiones y saber si ellas coinciden con las descripciones de algunos de los integrantes que compartieron el reality más decadente del país.
Si hacemos una retrospectiva, encontramos que la historia de anaconda comenzó cuando Mariana Otero (una ex panelista de Acoso Textual) mientras Nair dormía la típica siesta formoseña en el contexto de GH, le desabrochó el pantalón. Allí se asomó ella. Perezosa, incomprendida y atravesando por una casi lógica abstinencia en precavido celibato. Ella que desconocía que sería más famosa que su dueño. Que estaría en los sueños de mujeres y lo que es peor, de hombres. Ella que se ha instalado en los imaginarios populares y no populares. Ella que ya forma parte de guiones, humoradas y de la previa que Marcelo Tinelli hace con Fernanda Vives en “Bailando por un sueño”. Vives, la chica con serios problemas de dequeísmo que pasó del volumen corporal de la “Tota” Santillán al volumen íntimo de Nair, ha logrado tener varios minutos de pantalla chica con especulaciones sobre su real o ficticio conocimiento.
Porque entre las chicas y anaconda se ha entablado una situación lúdica que despierta el morbo de los chimenteros y no chimenteros que son legitimados al momento de tratar el tema por un televidente a veces ocultista que no quiere reconocer explícitamente que desea ver la magnitud de anaconda. No obstante, a través del encendido, el ocultismo se desvanece, comprobando, una vez más, el voyeurismo imperante.
Veamos, el tráfico de información revela que hasta en las mesas de café se habla del tema. Famosos de las distintas esferas se preguntan si será cierto que el hijo de Menem es portador de anaconda. Surgen los interrogantes acerca de si es merecedor de la misma y si será un factor hereditario. Con lo cual, el riojano, conocido como seductor, es puesto en el panóptico social como posible precursor de anacondas. De ahí, que sean varios y diversos los hombres que quieren saber cómo puede ser posible que algo que ellos también poseen, en la figura de Carlitos, tenga tanta resonancia.
La respuesta reside en que anaconda se hizo famosa ante las cámaras de televisión que fueron testigo de su salida. Lo mismo que sus compañeros allí presentes que vieron algo aparentemente inesperado. Tan inesperado, que la pregunta predominante cada vez que su dueño aparece en algún medio, es saber cómo está ella.
Ahora bien, anaconda ha tenido un mérito indiscutido. Ha logrado unir a Canosa y Rial en un mismo interés. En la necesidad periodística de comprobar o derribar el mito. En descifrar el enigma mediante lo que puede darse en llamar; Operación Anaconda. Porque tanto el intruso como la profesional manifiestan un interés sobrecargado al respecto. Se inquietan y no se preocupan en esconderlo. Ellos quieren saber, haciéndole honor a su rol de periodistas, qué, cómo, cuándo y por qué. También, quién ha sido la beneficiada parcial. Sucede que el tema de la parcialidad, aquí es fundamental.
Nair Menem les levanta el pulgar pero luego, y de manera muy caballeresca, se los baja. Es decir, él no hace mediáticas sus relaciones. Son las chicas con sed de fama escandalosa las que se cuelgan de él y por sobre todo de anaconda para iniciar su tour televisivo. Entonces, Carlitos aplica el efecto freezer, congelándolas en un anecdotario personal que jamás las devaluará. Por lo menos, no desde la retórica de él.
Anaconda, sin proponérselo, es la nueva integrante de la Caja de Pandora. Es parte integrante del me dijo, le dije, le digo. Ocupa la atención de los trabajadores que conocen las reglas de juego y saben cómo hacer de un miembro un gran número para entretener y satisfacer a una sociedad de consumo que te da la derecha en tanto se cubran sus demandas. Así es como la TV se autorregula y anaconda, cada vez que aparece, les es funcional a ese fin. Razón por la cual, se pone nuevamente en evidencia, que los consumidores buscan en los canales abiertos un espacio de distracción, divertimento y alejamiento de los problemas de la vida cotidiana.
Se despojan de lo cultural y se embarcan en un show que no busca instruir ni educar. Lo toman tal cual es. Con sus grotescos, picardías y al borde de la vulgaridad cuando no se sabe manejar la caída al precipicio.
Mike Amigorena habla de Canosa
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