06 agosto, 2009

Cloacas apocalípticas (07-08-09)

El desquicio y la vulgaridad de los mediáticos por estar en la televisión.

Indefinidamente, y bajo los rasgos perversos de la ridiculización, los mediáticos retornan a la televisión para acentuar todo aquello que había quedo claro cuando el público los relegó con el zapping.

Regresan, para demostrar, que no saben hacer nada.

Que no tienen aptitudes artísticas. Tampoco un bagaje cultural o un intelecto respetable. Y si lo tienen, son muy hábiles en el arte del disimulo. Lo cual, no es un dato menor.

No obstante, gozan del talento del escándalo en el seno de una televisión que adolece de figuras fuertes por la tendencia sostenida al divismo del lumpen emergente y a los griteríos infames que solo buscan desnudar, con descalificación, la vida privada.

Una conjunción del lumpen de las utileras y las figuras consagradas que también recurren a las peleas para arengar lo que viene. Sea un programa o una obra de teatro. Por lo cual, la televisión recurre a estos personajes baratos en los que predomina lo primitivo como fuente verbal. Buscan la legitimidad del televidente siendo contra hegemónicos a todo, ubicándose en el rol de asesores para que los políticos cambien su forma de gobernar o bien, de oponerse.

Se reclinan con sumisión cuando alguien les pone un freno pero vuelven a tomar carrera con la indulgencia de los productores que se nutren de ellos para llenar espacios.

Tienen, sin duda alguna, un trabajo. El trabajo de mostrarse. La tarea de expresar, sin códigos, lo que piensan. Ellos mismos se autorizan para bajar línea. Algunos con éxito y otros, confinándose al anonimato enloquecedor que solo se compensa con el encendido de las cámaras aunque más no sea, para reflejar la descompensación. La crueldad de una imagen deteriorada que deambula buscando un espacio en algún medio.

Así, el órgano sexual de Jacobo Winograd es tema de conversación; sirve de letra para componer canciones y sorprender con el ingenio de algún chiste. Sucede con el hijo que no es de Guido Süller a través de la mediatización de un ADN; o con Zulma Lobato que en su necesidad de aparecer se repliega en la opacidad del mamarracho denigrado.

También están aquellos que se auto destruyeron. Quienes trabajaron con grandes en la televisión y en los escenarios. Quienes en lugar de aprovechar la carrera y el factor fama para evolucionar, lo derrocharon en una inclinación compulsiva de grescas personales que exponían las intimidades de familia. Los secretos de alcoba.

Una guerra, la de Silvia Süller y Silvio Soldán, que recorrió canales de TV.

Que se guarda en los archivos y que terminó, luego de una seguidilla de hechos desafortunados, con la gloria del gran valor del tango.

De esa pelea surge el antes mencionado Guido. Como una protuberancia de una hermana devorada por un personaje aparentemente construido desde el despecho que encarna dolor e ira.
De la secretaria del famoso programa tanguero, con el tiempo, y tras metamorfosearse estéticamente, ella paso a ser una más de los mediáticos que hoy se consagran por ser cloacas apocalípticas que se jactan de predecir y anunciar lo que está por venir o lo que pasó en el mundo del espectáculo.

Reingresan a los medios y gozan, además, de ser personificados por imitadores para ingresar a la imaginaria casa de "Gran Cuñado". Espacio dentro de un “Show Match” en emergencia que busca con urgencia de los musicales.

Los mediáticos criticados son pues, quienes hoy alimentan a nuestra sagrada televisión.

Con la anuencia de los espectadores que vuelven a consumirlos porque el arribo de ellos es el sinónimo de la ausencia.

Llegan, lícitamente, para ocupar los asientos de paneles hartos de la depresión mental en envase de plástico voluptuoso.