18 agosto, 2009

Náufrago (18-08-09)

Marcelo Tinelli sin una pelota como la de Tom Hanks y en búsqueda del éxito perdido.

El tango dice que veinte años no es nada y eso es lo que parece estar experimentando Marcelo Tinelli con su programa. El cual, no ha podido acomodarse, justamente, en sus dos décadas.

Si bien comenzó con un rating superior a los 35 puntos, la debacle fue progresiva. Las expectativas del televidente curioso no fueron del todo cubiertas y el desgaste de los políticos hizo eco en la ficticia casa de "Gran Cuñado". No hubo caricaturas, derechos a réplica o bien, grotescos que pudieran, aunque sea, motivar la quietud del control remoto.

En números y rostros se nota el agotamiento del programa. De hecho, habiendo terminado el "Gran Cuñado" de políticos y redoblada la apuesta con el de famosos, el rating sigue en picada. Ni siquiera, el conductor, soporta la dinámica del vivo. Entonces, se retira al viejo continente o busca el remanso familiar.

Graba sus programas replegado en la indiferencia del público que hace unos días atrás supo conformarlo con apenas 14 puntos.

Grabado y tarde. Tarde, porque ante la abulia, el canal ha vuelto a no respetar los horarios. Entonces, el noticiero dura más tiempo y exacerba la ansiedad de la llegada de “Valientes”. La ficción clave y altamente rendidora. Un formato que tiene que ver con el estilo y la impronta de la productora Pol-K y que por ende, es absorbida por un canal que a pesar de negarlo, se resiste a la popularidad en formato casi bizarro que ofrece “Show Match”. Resistencia que se pone de manifiesto más allá de saber que todo canal que quiere liderar necesita de una figura fuerte en su pantalla.

Veamos. El 13 acompaña hasta cierto punto. Es decir, acompaña mientras hay ritmo. Devolución del espectador y un producto que pese a no ser de las características históricas, les rinda económicamente.

Frente a la nada, Tinelli se auto corre y lo corren. Lo acortan. Aparece más tarde y se va más temprano. Porque ahora, lo que hay, es la resaca de un intento frustrado de humor. De vuelta a los orígenes.

El trabajo de los humoristas en sus personajes y las trilladas cámaras “ocultas”.

Existen internas. Disconformidad. Sensación de fracaso entremezclado con situaciones personales que versan entre la realidad y los armados de prensa.

Un combo de desaciertos. Un estado de conteo de las horas para poder mostrar lo que se viene. El AS que siempre guarda y por el cual, es el gran hombre consagrado de la televisión de aire. Su carta que se vincula con el escándalo y las peleas en el contexto de un formato que originalmente requiere de talento pero que paradójicamente, el talento, es lo que menos importa. Es el velo.

De portarlo el famoso, funciona, exquisitamente, en su combinación con la descompensación verbal de los que participarán de “El musical de tus sueños”. Será regiamente funcional cuando entre el jurado y los participantes comiencen a dirimirse cuestiones personales. Cuando se ingrese en el me dijo, le dije, le digo.

Cuando las vanidades; la competencia estética y de años; y los reproches del pasado comiencen a vislumbrarse en la apatía y la efusividad. Cuando las ansias de protagonismo devoren a los personajes; el súper yo escaseé; y el alter ego sea el epicentro de las discusiones más lícitamente decadentes.

Para ello Marcelo Hugo deberá involucrarse en el estímulo de sus “estrellas”. Sacar, antes o después de cada performance, lo peor de cada una de ellas. Colocarse en su rol de intruso o profesional potencial que se regodea con los dimes y diretes que luego circulan por todos los programas de TV que viven de sus éxitos y se nutren de sus fracasos con informes pícaramente tendenciosos.

Mientras tanto y hasta que las nenas de utilería aprendan las coreografías, Tinelli es el náufrago de nuestra sagrada televisión. Se enfrenta al desafío de remontar su programa y a diferencia del actor Tom Hanks (en el film Náufrago), ni siquiera tiene una pelota con la cual conversar, dado que la desconfianza dentro del estado naturaleza de los medios, es la primera regla. Fundamentalmente, cuando se está en la búsqueda del éxito perdido.