08 septiembre, 2009

Botineras ¿Amor a la camiseta?

En una investigación analítica realizada por la periodista Patricia Edgar para la Revista VIVA del Diario Clarín, del domingo 6 de septiembre de 2009, se indagó sobre el fenómeno de las llamadas “Botineras”.
La periodista recalcó que “Cada vez son más las chicas que ven a los futbolistas como un atajo hacia el éxito”. “Vale todo a la hora de enamorar a un jugador famoso”.
En dicho contexto, la periodista entrevistó a Marcelo Roffé, Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte (APDA) y buscó también, una mirada sociológica para completar el material gráfico.
A continuación, la entrevista que Edgar me realizó para su trabajo y de la cual extrajo varios fragmentos.

¿Como definirías al fenómeno de las botineras?
Más que un fenómeno, las botineras forman parte de un paradigma marcado por el morbo y el voyeurismo. Son chicas emergentes, en su mayoría, de una generación que se ha dedicado a quemar etapas, cuyo mayor atributo es haber leído como único libro, UPA o cualquier otro título de primer grado.
Son funcionales a los programas de televisión que se nutren, lícitamente, de los escándalos, haciendo de ellos un gran show mediático que perdura en los archivos.
Sin embargo, como todo paradigma llegará a su fin. Ese fin, lo establece la sociedad que legitima o no.
Botineras habrá siempre. El tema es, que no siempre se mediatizarán, ya que se erigirá un nuevo paradigma que las llevará al tan temible anonimato. Ese anonimato del cual se sale por completo como es el caso de Wanda Nara por ejemplo, o bien, parcialmente, cuando lo máximo alcanzado fueron prácticas horizontales de ocasión.

¿Es un fenómeno nuevo? ¿A que se debe?
La existencia de las botineras lleva años. Antes no se las llamaba así. No se pensaba a Claudia Villafañe, a la ex de Tarantini o a la ex de Simeone en esos términos. Ellas no se presentaban tampoco como se presentan ahora las “utileras”. Tal vez, Mariana Nanis, era la mujer que con desparpajo y jactancia mostraba su intimidad.
Todo esto tiene que ver con lo que conversábamos anteriormente. Ocurre que ahora, con el avance de la modernidad y la imperiosa necesidad de convertir la esfera privada en pública, todo se conoce. Todo se sabe.
Las chicas no se cuidan como antes. La falta de códigos es otra de las características que poseen al exhibir lo que antes eran secretos de alcoba. En sus camas ingresan los periodistas, el público y en realidad, en un segundo plano, el futbolista. Este último, sería una especie de bien de uso.
Así es como se enarbolan en situaciones grotescas que las ubican, como mujeres, en un lugar paupérrimo.

¿Para estas chicas salir con un jugador exitoso es un trampolín a la fama y/o el dinero, o realmente se tratará de amor?
A ver. Esto lo marco un poco cuando me refiero al jugador como un bien de uso. Aquí podemos agregar que las botineras están, casi todas, destinadas a pasar a ser un bien de cambio. Un vínculo de uso mutuo que por qué no, puede terminar en amor.
El amor, es algo subjetivo o si se lo quiere, abstracto.
Los tiempos modernos se caracterizan por la celeridad. Por lo cíclico y volátil. Las “nenas de utilería” como las llamo siempre en mis notas y en las cuales, por supuesto, están las botineras, viven como si la vida se fuese a terminar en una hora. El hastío frente a la quema de etapas sobre la cual le hablaba antes, así como la necesidad de alcanzar el reconocimiento rápidamente las lleva a cometer torpezas de las cuales no se puede volver. Torpezas que ponen en juego los usos y costumbres así como la ética de la moral que parece haberse diluido en el mundo de utilería.
Otra cuestión tiene que ver con que llegar a ser reconocida no necesariamente implica sostenerse en el tiempo. No implica permanencia dentro del medio. Si no se puede trascender el cuerpo y la fugacidad amorosa con un jugador de fútbol, del mismo modo que entras, salís. Y esa salida, puede ser peor. Más deplorable. Porque el periodismo, por una dinámica que tiene que ver con dar lo que el público demanda, puede ser absolutamente cruel. Y la crueldad, en este contexto, vende porque está acompañada de la ridiculización de la persona. En este caso, de la llamada botinera.

Muchos jugadores también las eligen ¿Por qué se atraen? ¿Son una buena dupla? ¿Se ayudan? ¿Será que se parecen en su grado de exposición, éxito a través de las destrezas o virtudes corporales, su fama pasajera y su capacidad para dejar todo e irse al exterior por trabajo?
Los jugadores las eligen porque ellas están en el mercado. Es como los travestis. Existen porque hay personas que consumen ese tipo estético.
Una chica bonita y llamativa estéticamente con un jugador ciertamente buen mozo y con dinero conforma una dupla que cotiza.
Ahora, si todo eso y vuelvo a lo mismo, no se trasciende con un poco de puesta en funcionamiento de las neuronas, se cae.
A ellas, les sirve para hacer campañas, facturar y sumergirse en un rally mediático. Y a ellos, se los ubica en el típico rol de ganadores. Admirados por las hinchadas e insultados, a veces, cuando el desgaste lo dejan en otro lugar que no es la cancha.
El tema reside en que en su mayoría, ni los futbolistas ni las botineras pueden elaborar una oración con sujeto y predicado. A lo que se le suma, la tendencia sostenida a la “fiesta”.
Algunas alcanzan a casarse y otras a conocer el viejo continente para incorporar en sus guardarropas zapatos, carteras y ropas de las marcas más destacadas a nivel mundial.

¿Cambió en la sociedad el estereotipo del hombre y mujer ideal? ¿Qué es un buen partido hoy?
El tema de los estereotipos no precisamente se vincula con la idealización del individuo en su respectivo género. Lo ideal, más allá de la estandarización y del cliché de que un buen compañero o compañera debe ser bueno, honesto y trabajador, es más una construcción subjetiva. Es decir, cada quien construye su propio ideal de persona para compartir su vida o bien, algunos momentos, ya que lo que es bueno o malo para uno no necesariamente tiene que serlo para otro. Siempre haciendo referencia a todo aquello que no tenga que ver con conductas desviadas.
El vínculo con el otro referente se alimenta desde la comunión en las formas de actuar, pensar y sentir.
Las características antes expuestas de lo que siempre se ha sostenido que es un buen partido tiene que ver con una tradición en la que se aplica lo políticamente correcto.

En otras épocas, estos tipos de romances podían mantenerse ocultos. Hoy algunos jugadores se casan y tienen hijos con las denominadas botineras ¿Por que otorgarle a una mujer que podría considerarse como “ligera” el título de esposa? ¿Por qué emparentarse con hombres con fama de mujeriegos?
Porque es una elección de vida. Una forma de relacionarse que ya no tiene las ataduras ni los tabúes que podían existir en las sociedades tradicionales. La necesidad de exponer la vida a través de los medios, convirtiéndola en una vidriera abierta se debe a lo que podemos dar en llamar la mercantilización de la intimidad. En el caso de las botineras, la patética mercantilización del cuerpo visto solo desde lo sexual.
La típica dialéctica costo/beneficio. Quieren estar en los medios y saben que es poco lo que tienen para ofrecer. Entonces, hacen uso y abuso del cuerpo en la horizontalidad.
En el caso del futbolista, si no trasciende su habilidad en las piernas, su vida útil no es muy prolongada y con la mujer, tal como le comenté, sucede lo mismo. Se debe trascender para mantenerse dignamente en un medio que es salvajemente perverso. Por algo siempre vemos las mismas caras. Como diría Malthus, sobreviven los más aptos.
Fíjese. Al estar atravesados por la globalización, todas las esferas de la vida han experimentado efectos. El amor y las relaciones humanas no escapan a eso. La volatilidad, las cualidades de una mujer para llevarla al altar y los parámetros con los que se miden a los hombres, están sujetos a cuestiones de intereses.
El hombre ya no es juzgado por las botineras por el número de mujeres con las que se lo ha vinculado potencial o concretamente. Eso es secundario.
Lo mismo sucede con la mujer. Futbolistas y botineras se relacionan porque les gusta mostrarse. Ostentar una relación que en sus imaginarios es glamorosa porque vende en algunas revistas pero en realidad, es absolutamente bizarra y caduca. Por lo menos, así lo revelan las acciones y la efímera durabilidad.
El amor romántico es más que nada una expresión de deseo que en algunas relaciones se da y en otras no. Si una relación, como el de las botineras con los jugadores de fútbol, se encara desde la extrema exposición, la credibilidad exterior es casi nula. No obstante, las reglas internas solo las conocen ellos.

¿Es una nueva forma de entender la pareja, el amor, el sexo?
Es una nueva forma de presentarse ante el mundo. De ingresar a los medios sin haber estudiado. Sin haberse preparado y formado para destacarse en algo más que no sea ser una botinera.

¿En estos casos se prioriza para elegir una pareja, más que un proyecto de vida, la inmediata satisfacción personal de ambos? Y que dure lo que dure.
En algunos casos es una relación comercial y en otros, como puede ser el caso de Nicole Newman y Fabián Cubero, es amor. Por lo menos eso parece. Si nos manejamos con datos objetivos, ninguno necesitaba del dinero del otro. Ella es una marca exitosa y a él, futbolísticamente, no le va mal. Juntos se potencian.

Muchas de estas nuevas famosas nacieron de escándalos o realitys y sus romances también se televisan en los programas de chimentos. ¿Son estos romances parte del entretenimiento mediático? ¿Reemplazan a la telenovela de la tarde, pero en tiempo real? ¿Por qué la gente se engancha con estos enredos?
¿Vivimos en tiempos de lo efímero y falto de contenido?
Estas dos últimas preguntas están respondidas a lo largo de la entrevista. Pero podemos profundizar más, ya que vivimos inmersos en la vorágine de una cotidianeidad que no es sencilla. Atravesados por la anomia, los imponderables y una seguidilla de fracasos colectivos que nos muestran como una sociedad sujetada. Bajo estas características, la gente demanda divertimento. Distensión. Razón por la cual, todo lo que tenga que ver con el mirar sin poner en funcionamiento riguroso las neuronas, vende. Es atractivo para un consumidor fatigado y curioso. Es por eso que las ficciones también son redituables. La calidad también vende en materia de tiras o unitarios.
Los Realitys son generadores de personajes que tienen la tendencia a desdibujarse con el paso del tiempo. Son muy pocos los que siguen en carrera porque son pocos los que se forman para seguir adelante.
Por lo general, es un formato que tiende a degradar al individuo, ya que la promiscuidad es una de las características más sobresalientes.
El público que compra revistas de chimentos y que consume la mayoría de los productos de la TV de aire, talk show y demás no busca cultivarse intelectualmente. Reconoce que la educación y el saber deben ir a buscarlo en otros espacios. En otros ámbitos.
Cuando se las ve a las botineras envueltas en un huracán de escándalos, el observador comprende que lo que está viendo es la limitación del ser humano pero al mismo tiempo, la visión de la nena de utilería que sabe que minorizándose como mujer, obtendrá recursos económicos.

Patricia Edgar
Revista Viva
Diario Clarín