03 septiembre, 2009

El ninguneo de los años (03-09-09)

La elementalidad como característica primordial de la ruptura.

No importan los años compartidos ni las experiencias vividas. No importan los buenos momentos ni los aprendizajes que siempre tienen algo positivo cuando no todo.

Tampoco importa resguardar lo que pudo haber sido y no fue. Lo que realmente fue y el trayecto que condujo a un fin.

Nada de eso importa cuando se encienden las cámaras de nuestra sagrada televisión y las luces que calientan el estudio penetran en las figuras que transitan por los medios.

En ese momento, cuando el show debe comenzar, solo aflora lo malo.

Y el olvido de casi una década no es inocente sino premeditado.

El olvido con el que se simula ira, enojo, malestar. En realidad, un olvido selectivo que busca exacerbar las diferencias que siempre existieron. Que no son nuevas pero que ahora, a los fines prácticos del rating, son funcionales.

Y como ya no importa el pasado sino el presente mediático, ella es una “vieja” y él es un “inmaduro”. Para ella la historia fue un viaje de egresados y para él una experiencia de amor con una bella mujer.

Pero el viaje de egresados, ahora, parece haber sido un viaje tortuoso. No tuvo las características de los 18 años, ni la adrenalina que se experimenta cuando se cierra el ciclo del colegio secundario. Este viaje de egresados fue entre dos personas que hicieron de su vida un reality.

Ella conocida y consagrada aunque siempre en su mundo y él, acomodándose en la selva de los medios detrás de uno de los íconos del mundo del espectáculo.

Los años pasaban y ambos crecían. Y obviamente, que la brecha generacional no se achicaba. Simplemente, se mantenía.

El problema es que ella renegaba del crecimiento de él y en su afán de ganarle al paso del tiempo se desdibujaba en la ridiculez mientras que su compañero emulaba papeles de padre que hoy desmiente.

Ellos son, Graciela Alfano y Matías Alé.

En medio de una pelea que los ubica, a ambos, en la degradación de la condición humana en la que se recriminan formas de actuar ante las cámaras luego de lo que fue el último adiós una vez cerrada la puerta del departamento de Alfano.

Lo hacen, estratégicamente, en el programa de Marcelo Tinelli recurriendo a la memoria selectiva que permite el olvido.

Se reprochan los años y en ese reproche con impronta de show se revelan como dos irrespetuosos que hablan mal de sí mismos al denostar al otro. Porque ellos, supuestamente, se eligieron cotidianamente durante casi diez años. A pesar de que Alé ahora diga que su libertad estaba sujeta a las decisiones del Alfano y que ésta última argumente que para vivir con él se requiere de un manual especial.

Con esto queda claro la relación directamente proporcional que se sostiene en Informes de Medios. A mayor descompensación, mayor medición. Entonces, los ex se suben a dicha vorágine que garantiza móviles, tapas de revistas, obras de teatro y más televisión.

Facturar y medir en medio de la mediocridad del lumpen emergente que hoy, poco los distingue. Fundamentalmente, a ella. Que por su trayectoria, no necesita de eso.

Ahora bien, ante la decadencia de ese lumpen que permite la permanente circulación y vigencia de los consagrados de siempre, Graciela Alfano y Matías Alé recobran identidad dentro de “El musical de tus sueños” generando, una vez más, un estado de situación que los vuelve imprescindibles dentro de las paredes de la productora “Ideas del Sur”.

Revueltos y peleados. Jurado parcial que castiga a su ex pareja y no al participante con un puntaje casi mediocre. Más, un participante que entiende, desde su brutal limitación, que denigra al jurado mostrándole a su bella novia que apenas acusa poco más de 20 años.

Caen, Grace y Matu, en el insoportable cliché del ninguneo de los años. Grace lo señala como carente de trayectoria y Matu la bastardea por los programas dejando entrever que ahora, la brisa de juventud de Silvina Escudero, lo potencia.

Dos pases elementales e históricos que los reivindican en el patetismo de la obviedad “bélica”.