01 octubre, 2009

Colaterales de show (01-10-09)

Descompensados pero en pantalla, participantes y jurados de “El musical de tus sueños” dirimen cuestiones personales.

Cuando la fama mediática golpea o bien, vuelve a golpear la puerta, el caos se presenta como una de las condiciones más sobresalientes en los escenarios que guardan los secretos, las miserias, los reproches, las envidias y las absurdas rivalidades.

Un caos que emerge como consecuencia de esa adicción, que según reflejan las cámaras, produce el programa de Marcelo Hugo Tinelli que sigue remando para apuntalar la debacle que lo envuelve. Aunque en realidad, el fracaso, no es solo de Tinelli sino también, del grupo de personas que lo rodean. Desde los participantes hasta los miembros de un jurado que más allá de tomarse en serio su rol dentro del show, han creído que tienen un nivel de superioridad y estelaridad que los ubica en un lugar de privilegio.

Alfano, Pachano, Reech y Lynch.

Pachano, mucho más que un prestigioso coreógrafo, mantiene desde casi el comienzo del certamen una pelea con la elemental Flavia Palmiero que alcanza los pasillos de Tribunales. Un litigio por una frase desafortunada de quien nunca pudo trascender el nefasto infantil de la Ola Verde y de la que se desprende la duda acerca de la hombría de Aníbal Pachano.

Por su parte, Reina Reech y Valeria Lynch (esta última conserva la cordura a pesar de su conflicto con Iliana Calabró) mantienen sus lugares asentadas en el talento, la generosidad de las consagradas que no necesitan de escándalos para trascender y la impronta de un conocimiento asimilado y no momentáneo.

En cambio, Alfano siempre quiso ser jurado y nunca se atrevió al desafío del baile, más allá de señalar al resto como si ella fuese una eximia de la danza.

Claro, el rechazo se debe a que en varias oportunidades se la vio bailar con Matías Ale y la ausencia de estilo era notoria. En ocasiones ella le ha criticado la introducción de pasos de murga o bailanteros. Pasos que los han destacado a ellos en todas las fiestas porque parecían memorizados.

Lo cierto es que Alfano se tomo muy en serio sus clases de teatro con Julio Chávez.

De rigurosa asistencia y permanente estudio, Alfano, en los últimos tiempos, es más actriz por ser alumna que por desempeñarse en algún trabajo. Consciente de ello, improvisa en su papel de jurado que para poner buena nota, como ella dice, necesita pegarse el viaje. Que las coreografías le hagan revivir o vivir situaciones que la motiven. Que la transporten.

También desde ese puesto baja línea y las miserias de su relación con Matías Ale, que ahora se enarbola en la amnesia de los caballeros, comienzan a aflorar. Empieza a verse, la mercantilización del amor. Y ni siquiera los muertos se salvan, ya que la actriz confesó haber tenido un intenso romance con el cuartero Rodrigo, más conocido como “El Potro”.

La exhibición de los caprichos y los secretos de alcoba que se publican con la jactancia de la sumatoria horizontal ponen entonces al descubierto, el por qué del fracaso.

Porque mientras del lado de Escudero que rebota en Ale se la ningunea con los años, ella se “defiende” y cae en la devaluación de la mujer. Deviene en un lumpen mental recoleto que alarma por la vulgaridad con la que relata el sexo y no la sexualidad.

A eso se le suma el pauperismo de Ale y la festividad del náufrago. Marcelo Tinelli. Quien no tolera la decadencia del rating y opta por sumergirse en la preparación de la grabación.

Ni siquiera él, con dos décadas de pantalla, puede afrontar las colaterales del show. Y tampoco ha comprendido que entre lo excéntrico y bizarro hay una línea absolutamente delgada.

Un condimento de más a la excentricidad es la entrada bizarra que conlleva la máxima perversión y descompensación.

Porque si algo se observa entre los personajes más mediáticos de “El musical de tus sueños” (Ale, Escudero, Vélez, Alfano, Calabró) es el desequilibrio agudo.

El enmascarar que no pueden discernir show de realidad y de ahí el armado explosivo de situaciones que trascienden el buen gusto y que terminan, inexorablemente, por el zapping del televidente que ya no encuentra en los formatos de Tinelli la distención de años atrás.