19 junio, 2009

"Adormecidos con Valium" (19-06-09)

El kirchnerismo, los PRO, los sueños, la Apocalipsis y otros, dentro de nuestra sagrada televisión.

A partir de la sensibilidad política que emerge con la llegada a la televisión de “Gran Cuñado”, se pone de manifiesto la susceptibilidad de algunos dirigentes, tanto del oficialismo como de la oposición, que sienten que su imagen se ve afectada por la caricaturización de su persona. No barajan, ni siquiera, la máxima obviedad del sentido común.

Que la sociedad, lo que observa, no es más que la exacerbación del propio ridículo dado por la incapacidad que hace que ellos, se diluyan en sí mismos. Que “Gran Cuñado” no sería posible si la comicidad no comenzase desde arriba. Entonces, los medios astutos se valen de eso porque el vacío que hoy caracteriza a la política es funcional a la televisión. Una relación directamente proporcional.

Desde la distancia programada que la Presidente pone, hasta el amiguismo cool del grupo PRO, los políticos se presentan ante el electorado con fisuras que parten, indudablemente, de la precariedad conceptual. Del desconocimiento sobre los temas más urgentes que solo son tocados con una cadena de palabras sueltas grabadas en un chip de almacenamiento menor.

“Gran Cuñado”, según Elisa Carrió, muestra la mediocridad de la sociedad. En realidad, el segmento que ocupa la mayor parte de “Show Match”, representa la decadencia de los políticos argentinos que pueden ser imitados desde sus absurdos. Ellos les dan letra desde las típicas falencias que se revelan en la imposibilidad de transmitir ideas, de ejemplificar los planes y persistir, compulsivamente, con el pasado de la década del ’90.

Fueron todos, menos ellos. Ni los que están, ni los que desean escalar.

Se presentan, en los medios, como si no hubiesen sido parte. Como si la realidad político social los hubiese tomado por asalto. Sorprendido mientras esperaban un cambio.

Desde el kirchnerismo se habla de la profundización del modelo mientras que desde la UNION PRO se enfatiza en un cambio que recién empieza. Y mientras el gobierno profundiza la debacle, UNION PRO se embarca en un cambio que tiene que ver con: “Haciendo Buenos Aires”. La obsesión de las plazas y la ampliación de las veredas, tal vez, para que Macri, cumpla el sueño de que la gente pueda volver a tomar mate en la puerta de su casa. Aunque de seguir con la extensión, conseguirá hacer una gran mateada. Porque ellos, tienen un Plan.

De Narváez tiene un plan. El detalle, es que el electorado no sabe cuál es.

Por otro lado tenemos a Rodríguez Saá que ha sido ignorado, como político, desde la producción de Marcelo Tinelli. Rodríguez Saá, el oculto cholulo de la política, promociona su espacio integrado por personas que tienen capacidad para soñar.

Quienes lo integran apuestan al gran desafío onírico. Entienden, desde un imaginario limitado pero creativo, que el mundo de los sueños es el lugar para gobernar. Y el Wi-FI puntano es la máxima expresión para vender una Provincia. Provincia que Alberto, aún, no ha podido trascender.

Los niños no son niños sino nativos digitales. Parece, que dentro de San Luis, también hay un idioma creado pero siempre atravesado por la emoción y la tendencia naif. Exaltar la sensibilidad e impulsar a los jóvenes para que trabajen en la construcción de un nuevo país en el que vuelva el peronismo. El peronismo de verdad encarnado en quien se considera el último peronista de la historia. Alberto Rodríguez Saá. Un hombre que cuando habla, en lugar de hundirnos en la utopía de los sueños, nos sumerge en una voraz pesadilla que termina, cuando llega el remanso de su tan esperado silencio.

Por su parte y retomando la figura de Carrió, nos encontramos con la paradoja de que ella trata de mediocre a la sociedad que busca captar. Contradictorio, aunque también meritorio iniciar una cruzada para desmediocrizar a la sociedad argentina que consume un formato que va en caída libre como consecuencia, también, de la caída de la política misma.

La mujer que ha logrado devastar las teorías de Hannah Arendt, se ubica por encima de todos. Ella es la mejor pero siempre le faltan diez centavos para llegar. Se envuelve en su alter ego apocalíptico con su imagen e irreverente retórica acusadora.

Prefiere perder las elecciones como le dijo a Alfredo Leuco -que allá lejos y hace tiempo perdió en un concurso de preguntas y respuestas con el modelo subestimado Iván De Pineda- antes que estar dentro de la casa ficticia de “Gran Cuñado”.

Respiró cuando eliminaron a su personaje. Y su razonamiento más mediato fue el alivio narcisista. No ahondó. No pensó que su eliminación de la casa, entre otras cosas, tiene que ver con que así como no aportaba nada dentro del programa mismo, tampoco lo hace en el campo político.

Denunciar no es hacer política.

Luego nos encontramos con el personaje que emerge del conflicto Gobierno/Campo. Alfredo D’Angeli. Con una notoria adicción a las cámaras, él disfruta formar parte del programa de Marcelo Hugo. De haber podido, hasta una vaca hubiese llevado al piso cuando fue invitado.

Se le da una identidad. Protagonismo. Como al “odioso” Luís D’Elía.

Todos ellos, las personas y los personajes, se dedican a recriminar.

A reavivar, por ejemplo, el conflicto del campo. Porque ahora, todos son campo. Incluso, hasta los que ni siquiera tienen una maceta en el balcón. Como la Presidente que se cree una experta agropecuaria y trata de yuyo a la soja.

Todos contra todos pero con un plan.

Como el impresentable de Heller que para resolver el problema de la inseguridad elaboró un plan que consiste en mandar a trabajar a los vecinos para indicarle a la policía en dónde están los ladrones. Como el título de uno de los CD de Shakira.

Así son ellos. Nuestros políticos y personajes. Los que quieren estar dentro de la casa, los que no están y los que “matarían” por entrar. Lo cierto es, que todos ellos, ni siquiera son capaces de utilizar la masividad de la televisión para transmitir las propuestas de campaña.

Adormecidos, parecen que hubiesen sido "fumigados con Valium".

11 junio, 2009

Ausencia ridiculizada (11-06-09)

El llamado de la fama, Zulma Lobato y la entrevistadora que arrasa.

Máxima ponderación
Cuando nos asentamos en la vorágine televisiva como espectadores curiosos y ávidos de recibir todo aquello que se produce durante el día, nos encontramos, fundamentalmente, con que la regla principal es el abuso.
El abuso de la repetición.
El abuso de lo grotesco y bizarro que nos define como televidentes que legitimamos con el encendido todo aquello que satisface un morbo que puede ser consciente o inconsciente pero que se revela, sin lugar a dudas, en lo que desde hace varios años se muestra en nuestra sagrada televisión.
Aquella que adolece de gusto y buenos modales. Pero que, paradójicamente, en esa carencia encuentra su máxima ponderación. De ahí, la exportación de personajes a países como Uruguay, Chile y España así como la emergencia de fenómenos que acaparan la atención, no por sus dotes artísticos sino por la decadencia del ser humano que atiende a una intrínseca necesidad que tiene que ver con lo que Mercedes Odina y Gabriel Halevi han dado en llamar, el Factor Fama.

Factor Fama
Un libro publicado por ANAGRAMA (Barcelona) sin desperdicio alguno, ya que explica cómo se puede alcanzar la popularidad sin haber hecho nada digno o relevante dentro del campo artístico. E incluso, aborda el vínculo de la política con lo actoral. Es decir, cómo los políticos devienen en actores, por lo general cómicos, y cómo los actores ingresan en la política valiéndose de la fama conseguida.
Un modo de proceder que tiene que ver con un juego acomodaticio de costo beneficio en el contexto de un estado de situación que alarma, ante todo, por la precariedad argumentativa del oficialismo y la oposición.
Dos partes que han dado lugar a la creación de "Gran Cuñado" como espacio caricaturizado que está entrando en una meseta y que se nutre de una comicidad que parte, esencialmente, desde arriba. (Ver nota: Ensayo Imaginario)
Frente a eso, es natural que surjan personajes como Zulma Lobato. A quien se la ridiculiza y juzga por lo que vende. Un travesti que en su imaginario se considera una revelación artística más que una revelación de la ausencia ridiculizada.
Es un individuo más que quiere fama y no vacila en exponer las miserias de la vida misma. Se disfraza, se pinta y monta un show que recorre todos los programas que han decidido sacrificarla, lícitamente y bajo el auto consentimiento de la propia degradación en brutales informes y entrevistas.
Y Zulma lo disfruta porque se ve en pantalla. Se muestra.
Se regodea en su bestial ignorancia de una fama que seguramente será efímera, dado que el medio es cíclico y los que permanecen sostenidamente son pocos.
No obstante, la Lobato travestida, ahora, es una mediática compulsiva regada por las producciones y los conductores que encuentran en ella un producto redituable para mantener y subir el rating.

La descubridora
Fue la que le dio un lugar. Un espacio de expresión para mostrar su nada o bien, su necesidad de mostrarse para cumplir con un deseo de realización que tiene que ver con la adicción a las cámaras en el marco de las luces y sonidos de la televisión.
Zulma Lobato, en una generosa entrevista, fue inducida con el encanto de la ingenuidad que transmite la conductora, a decir y hacer todo aquello que ella sentía y quería mostrarle a la gente. Su ángel. Su carisma siempre mencionado en la precaria auto referencia.
Fue así, como el público también descubrió a una entrevistadora que pregunta lo que la gente quiere saber sin rodeos. Con simpleza, a pesar de saber que los medios la pondrán bajo el panóptico salvaje, cuestionando sus formas de actuar, pensar y sentir.
Una mujer que se muestra, en el contexto de su programa de TV, como una conductora televidente que se presenta ante el público como una consumidora más que entiende las reglas de juego y sabe, por sus características espontáneas y de conocimiento televisivo, que sus notas, comentarios y preguntas trascenderán la pantalla de Crónica.
Se trata de Anabela Ascar. La entrevistadora de “Hechos y Protagonistas” que lleva al piso a personas de los distintos campos. Político, social y artístico. Incluso, invita a ciudadanos que se encuentran en situación de calle para que cuenten su historia de vida y que los responsables gubernamentales se hagan cargo de dicha realidad.
Porque Anabela sabe que cuando algo se hace público los intereses y temores al interior de los grandes grupos de poder se movilizan con mayor intensidad.
Pasa, de la profundidad que tiene que ver con el pauperismo social que nos envuelve, a la máxima frivolidad. Arrasa con el voyeurismo de la descompensación de las “nenas de utilería”. Con lo cual, responde a las demandas de los televidentes que la han colocado en un lugar de preferencia y deja atrás, sin proponérselo, a la caravana de conductoras que “matarían” por estar en los resúmenes de todos los programas de aire y cable.

03 junio, 2009

Lugar vacío

Florencia de la V, el cliché de la discriminación y el rol de la vedette.

Ante la precaria formación de las mujeres que integran la nueva camada del mundo del espectáculo y frente a la explícita decadencia de ciertas personalidades que alguna vez el público consagró, el panorama artístico se revela en una encrucijada que, al no encontrar solvencia y desenvolvimiento absoluto, recurre a nuevas alternativas. De ahí, la emergencia de los travestis como figuras que representan una nueva visual escénica.

Una forma de presentarse ante el público que pone en cuestionamiento los usos y costumbres, así como una construcción de la subjetividad arraigada en aquello que tiene que ver con lo convencional más que con los salientes estereotipos que crean, en cierta medida, una crisis de género vinculada con una reformulación de las teorías estéticas y de gustos.

Se abre pues, un modelo de hacer teatro en el cual, la persona que encabeza el espectáculo con el rótulo de vedette, es un hombre travestido que a través de distintas operaciones y tratamientos adquirió algunas curvas y características propias de una mujer natural.

Quien marca esta nueva tendencia es Florencia de la V.

Con ella, y habiendo tenido el piso que dejó uno de los primeros travestis como Cris Miró, el arribo a las marquesinas de la calle Corrientes fue mucho más movilizador. Más aún, cuando desembarcaba encabezando un espectáculo de revista de la mano de Gerardo Sofovich. Empresario con el cual entabló una relación comercial redituable para ambos y una estrecha amistad que según relatan algunos traficantes de información, ha llegado a rozar límites y a despertar la fantasía y el morbo de los enemigos de él que por estos días se regodean de la ruptura artística que se dio a conocer y sobre la cual, los aromas de amoríos y del me dijo, le dije, le digo quedan en el imaginario de cada televidente que pudo escuchar en vivo o bien, en repeticiones, a una Florencia de la V que parecía deshojar los pétalos de una flor compartida con la actual esposa del Señor que siempre ha vivido a su manera.

Ahora bien, la decisión de colocar a un travesti en ese lugar preponderante, inexorablemente, fue sometida a la evaluación de datos objetivos y a un análisis racional que frente a la susceptibilidad que el tema generaba y aún genera, enarbolarse en el cliché de la compulsiva discriminación era la alternativa más funcional para evitar comentarios o bien, puntos de vista. Así que Lubertino, no te anotes.

Los medios de comunicación se enfrentaban a ser rigurosamente cautelosos y la opinión pública se desataba en los contestadores radiales, en los foros de internet y también, en la televisión misma. No obstante, Florencia de la V logró trascender el grotesco de sus primeras imágenes que aún reflejaban visibles reminiscencias de su origen masculino así como la perversión que experimentaban los agudos espectadores que la colocaron en un panóptico permanente para marcar, fundamentalmente, los desaciertos del empresario que la llevó a la cartelera teatral.

Ella se hizo a si misma a punto tal de forjarse una carrera colmada de éxitos. Paso de ser mirada como un travesti a ser tratada y admirada como una diva con años de trayectoria. Ella, en su jactancia de cortar entradas y embebida de éxito se colocó, mediante el aplauso de la gente, en la cúspide de la pirámide actoral.

Se equiparó al nivel de Mirtha Legrand, Susana Giménez y Moria Casan. Ella, por decreto, entendió que para ser una diva no era necesario recorrer un camino de décadas.

En su mundo, solo basta ser aceptada por el público y sumamente mimada por el empresario de mayor trayectoria teatral de nuestro país.

Coqueta; asediada por los medios y cuestionada por haberse unido en “matrimonio” -en el contexto de una fiesta- vestida con un traje de novia blanco; Florencia de la V no se privó de ser grosera, cruel y altiva con el resto de sus colegas. Porque bajo el velo de preocuparse solo por ella, en sus monólogos, al igual que en determinadas notas, arremete brutalmente contra las “nenas de utilería” pero también, contra las figuras altamente consagradas.

Ingresa en el círculo vicioso de la descalificación obvia e intenta seducir con una retórica ocultista sobre lo que piensa, siente y hace.

Se proclama, ante la ineptitud o limitación de sus pares generacionales, una estrella que aún no puede ser superada por una mujer natural. Entonces, en la vorágine del ego y la consagración, ella se repliega en su condición de travesti. Se escuda que por su elección o sentir sexual, las cosas le han costado más de lo habitual y entiende, que con sus pasados 30 años, ya hizo todo lo que quería hacer.

Con lo cual, la quema de etapas y el juego de la vida son dos situaciones que ocupan un papel protagónico en el mundo de una de las grandes figuras con las que actualmente cuenta el medio y por la cual, los empresarios teatrales ofrecen en la mesa de negocios importantes sumas de dinero.

Eso se debe, entre otras cosas, a que en la carrera por escalar posiciones sin preparación, a la absurda necesidad de equipararse a los hombres y a la pereza laboral que termina con un casamiento botinero y un baby en camino, muchas mujeres de la generación del ’70 y ’80 enfrentan la propia auto devaluación que, por carácter transitivo, es asimilada por los productores que se inclinan por presentar a un travesti como cabeza de compañía y herramienta de seducción antes que a una mujer que no puede hilar una oración improvisada o aprendida.

Entonces se produce la distorsión de imágenes y se acentúa la premisa “cambio mujer por travesti” en las iluminadas carteleras porteñas que cuentan con la vedette que no es ocupando un lugar, por el momento, vacío.