21 septiembre, 2009

Mauricio Macri por dos (21-09-09)

A la misma hora, con la misma corbata pero en distinto canal.

En la televisión por cable brotan los programas políticos que versan entre la insustancialidad, la reiteración y a veces, la novedad. Aunque por lo general, cuando algo es de excelencia, sobre todo en materia de periodismo político, se termina.

Prima, en el álbum televiso que intenta hacer política, la banalidad o las compulsivas enseñanzas de cómo se tienen qué hacer las cosas desde la pasividad de lo que cada uno cree.

De esta manera, quedan los mismos de siempre con invitados rotativos que también son los mismos, dado que no emergen figuras que superen a las ya existentes. No conforman, ni el oficialismo, ni la oposición la relevancia suficiente para acaparar la atención del televidente agudo que como dicen en el barrio, “no come vidrio”.

Pero lo peor se enciende cuando se ve, al mismo personaje, en dos programas distintos, a la misma hora y con la ausencia picaresca de cambiarse la corbata. De ahí, que la desolación de la conducción gubernamental se agudice al encontrar la profundización de un discurso ciertamente aprendido. Casi, meticulosamente memorizado.

Que no sorprende. Que no se distingue del resto y encima duplicado.

Así fue, como hace un rato, se lo podía ver a Mauricio Macri en el programa de Roberto García que se transmite por Canal 26 y en TN, en el programa de Joaquín Morales Sola haciendo culto a la decadencia del eterno más de lo mismo que comenzaba, con el beneficio del zapping, en uno de los programas y terminaba en el otro.

Un hilo conductor que podía seguirse paralelamente bajo los interrogantes de dos periodistas que al parecer, ante la precariedad retórica del entrevistado, le otorgaban el beneficio de la liviandad periodística.

Mismas preguntas, mismas respuestas y dos producciones que no se respetan.

Tampoco el invitado respeta a los conductores al estar, en uno grabado y en otro en vivo o en ambos grabados dentro de la misma franja horaria. Una situación que, por un lado, le quita relevancia a las dos entrevistas y por otro lado, diluye al entrevistado que termina de agotar al espectador que padece de hartazgo.

No hay, ni siquiera, en el caso de Macri, un hallazgo periodístico. Con lo cual, la falta de profesionalismo de unos y otros, los revela como incompetentes dentro de la jungla televisiva.

Los entrevistados se convierten -como hoy Macri- en Rocíos Marengos que pululan con el cliché del lamento y los periodistas que se especializan en el campo de la política, devienen en Riales y Canosas que no escatiman en tener al mismo invitado el mismo día o pasar, en idéntico minuto, la misma nota.

17 septiembre, 2009

Mimicha Bobbio: Un estilo diferente y audaz (17-09-09)


Por tercer año consecutivo y en la tradición de los siempre vigentes Valores Perennes, Mimicha Bobbio, junto a Editorial de los Cuatro Vientos, lanza PETICOTAS III. Un libro que mantiene la línea de la escritora con un trazo delicado pero no por ello, menos incisivo.

Mimicha Bobbio se sumerge en el mundo de las fantasías con exquisitas pinceladas de su vasta paleta de colores. Juega con el tiempo y el espacio, recreando sus vivencias. Agudiza los sentidos a través de la metáfora. Plasma su pensamiento. Grafica los lugares que fueron testigo de sus alegrías, peripecias y sublimes desencantos. Bucea en la actualidad y realiza una deliciosa retrospectiva de algunos aspectos de la historia que marcan los usos y costumbres de los países visitados.

La escritora, con la generosidad que caracteriza a quien comparte su obra, les abre las puertas de su vida a sus amigos lectores en sus distintas etapas.

PETICOTAS III conserva el modelo de prosa corta para desarrollar una profunda reflexión que obliga, inexorablemente, al abandono de la pereza. Así se encamina en el campo de la literatura con libros que tienen, entre otras tantas particularidades, el beneficio de la eterna actualidad.

Porque los Valores Perennes, como explica con perseverancia, siempre son actuales. Nunca, pasan de moda.

08 septiembre, 2009

Botineras ¿Amor a la camiseta?

En una investigación analítica realizada por la periodista Patricia Edgar para la Revista VIVA del Diario Clarín, del domingo 6 de septiembre de 2009, se indagó sobre el fenómeno de las llamadas “Botineras”.
La periodista recalcó que “Cada vez son más las chicas que ven a los futbolistas como un atajo hacia el éxito”. “Vale todo a la hora de enamorar a un jugador famoso”.
En dicho contexto, la periodista entrevistó a Marcelo Roffé, Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte (APDA) y buscó también, una mirada sociológica para completar el material gráfico.
A continuación, la entrevista que Edgar me realizó para su trabajo y de la cual extrajo varios fragmentos.

¿Como definirías al fenómeno de las botineras?
Más que un fenómeno, las botineras forman parte de un paradigma marcado por el morbo y el voyeurismo. Son chicas emergentes, en su mayoría, de una generación que se ha dedicado a quemar etapas, cuyo mayor atributo es haber leído como único libro, UPA o cualquier otro título de primer grado.
Son funcionales a los programas de televisión que se nutren, lícitamente, de los escándalos, haciendo de ellos un gran show mediático que perdura en los archivos.
Sin embargo, como todo paradigma llegará a su fin. Ese fin, lo establece la sociedad que legitima o no.
Botineras habrá siempre. El tema es, que no siempre se mediatizarán, ya que se erigirá un nuevo paradigma que las llevará al tan temible anonimato. Ese anonimato del cual se sale por completo como es el caso de Wanda Nara por ejemplo, o bien, parcialmente, cuando lo máximo alcanzado fueron prácticas horizontales de ocasión.

¿Es un fenómeno nuevo? ¿A que se debe?
La existencia de las botineras lleva años. Antes no se las llamaba así. No se pensaba a Claudia Villafañe, a la ex de Tarantini o a la ex de Simeone en esos términos. Ellas no se presentaban tampoco como se presentan ahora las “utileras”. Tal vez, Mariana Nanis, era la mujer que con desparpajo y jactancia mostraba su intimidad.
Todo esto tiene que ver con lo que conversábamos anteriormente. Ocurre que ahora, con el avance de la modernidad y la imperiosa necesidad de convertir la esfera privada en pública, todo se conoce. Todo se sabe.
Las chicas no se cuidan como antes. La falta de códigos es otra de las características que poseen al exhibir lo que antes eran secretos de alcoba. En sus camas ingresan los periodistas, el público y en realidad, en un segundo plano, el futbolista. Este último, sería una especie de bien de uso.
Así es como se enarbolan en situaciones grotescas que las ubican, como mujeres, en un lugar paupérrimo.

¿Para estas chicas salir con un jugador exitoso es un trampolín a la fama y/o el dinero, o realmente se tratará de amor?
A ver. Esto lo marco un poco cuando me refiero al jugador como un bien de uso. Aquí podemos agregar que las botineras están, casi todas, destinadas a pasar a ser un bien de cambio. Un vínculo de uso mutuo que por qué no, puede terminar en amor.
El amor, es algo subjetivo o si se lo quiere, abstracto.
Los tiempos modernos se caracterizan por la celeridad. Por lo cíclico y volátil. Las “nenas de utilería” como las llamo siempre en mis notas y en las cuales, por supuesto, están las botineras, viven como si la vida se fuese a terminar en una hora. El hastío frente a la quema de etapas sobre la cual le hablaba antes, así como la necesidad de alcanzar el reconocimiento rápidamente las lleva a cometer torpezas de las cuales no se puede volver. Torpezas que ponen en juego los usos y costumbres así como la ética de la moral que parece haberse diluido en el mundo de utilería.
Otra cuestión tiene que ver con que llegar a ser reconocida no necesariamente implica sostenerse en el tiempo. No implica permanencia dentro del medio. Si no se puede trascender el cuerpo y la fugacidad amorosa con un jugador de fútbol, del mismo modo que entras, salís. Y esa salida, puede ser peor. Más deplorable. Porque el periodismo, por una dinámica que tiene que ver con dar lo que el público demanda, puede ser absolutamente cruel. Y la crueldad, en este contexto, vende porque está acompañada de la ridiculización de la persona. En este caso, de la llamada botinera.

Muchos jugadores también las eligen ¿Por qué se atraen? ¿Son una buena dupla? ¿Se ayudan? ¿Será que se parecen en su grado de exposición, éxito a través de las destrezas o virtudes corporales, su fama pasajera y su capacidad para dejar todo e irse al exterior por trabajo?
Los jugadores las eligen porque ellas están en el mercado. Es como los travestis. Existen porque hay personas que consumen ese tipo estético.
Una chica bonita y llamativa estéticamente con un jugador ciertamente buen mozo y con dinero conforma una dupla que cotiza.
Ahora, si todo eso y vuelvo a lo mismo, no se trasciende con un poco de puesta en funcionamiento de las neuronas, se cae.
A ellas, les sirve para hacer campañas, facturar y sumergirse en un rally mediático. Y a ellos, se los ubica en el típico rol de ganadores. Admirados por las hinchadas e insultados, a veces, cuando el desgaste lo dejan en otro lugar que no es la cancha.
El tema reside en que en su mayoría, ni los futbolistas ni las botineras pueden elaborar una oración con sujeto y predicado. A lo que se le suma, la tendencia sostenida a la “fiesta”.
Algunas alcanzan a casarse y otras a conocer el viejo continente para incorporar en sus guardarropas zapatos, carteras y ropas de las marcas más destacadas a nivel mundial.

¿Cambió en la sociedad el estereotipo del hombre y mujer ideal? ¿Qué es un buen partido hoy?
El tema de los estereotipos no precisamente se vincula con la idealización del individuo en su respectivo género. Lo ideal, más allá de la estandarización y del cliché de que un buen compañero o compañera debe ser bueno, honesto y trabajador, es más una construcción subjetiva. Es decir, cada quien construye su propio ideal de persona para compartir su vida o bien, algunos momentos, ya que lo que es bueno o malo para uno no necesariamente tiene que serlo para otro. Siempre haciendo referencia a todo aquello que no tenga que ver con conductas desviadas.
El vínculo con el otro referente se alimenta desde la comunión en las formas de actuar, pensar y sentir.
Las características antes expuestas de lo que siempre se ha sostenido que es un buen partido tiene que ver con una tradición en la que se aplica lo políticamente correcto.

En otras épocas, estos tipos de romances podían mantenerse ocultos. Hoy algunos jugadores se casan y tienen hijos con las denominadas botineras ¿Por que otorgarle a una mujer que podría considerarse como “ligera” el título de esposa? ¿Por qué emparentarse con hombres con fama de mujeriegos?
Porque es una elección de vida. Una forma de relacionarse que ya no tiene las ataduras ni los tabúes que podían existir en las sociedades tradicionales. La necesidad de exponer la vida a través de los medios, convirtiéndola en una vidriera abierta se debe a lo que podemos dar en llamar la mercantilización de la intimidad. En el caso de las botineras, la patética mercantilización del cuerpo visto solo desde lo sexual.
La típica dialéctica costo/beneficio. Quieren estar en los medios y saben que es poco lo que tienen para ofrecer. Entonces, hacen uso y abuso del cuerpo en la horizontalidad.
En el caso del futbolista, si no trasciende su habilidad en las piernas, su vida útil no es muy prolongada y con la mujer, tal como le comenté, sucede lo mismo. Se debe trascender para mantenerse dignamente en un medio que es salvajemente perverso. Por algo siempre vemos las mismas caras. Como diría Malthus, sobreviven los más aptos.
Fíjese. Al estar atravesados por la globalización, todas las esferas de la vida han experimentado efectos. El amor y las relaciones humanas no escapan a eso. La volatilidad, las cualidades de una mujer para llevarla al altar y los parámetros con los que se miden a los hombres, están sujetos a cuestiones de intereses.
El hombre ya no es juzgado por las botineras por el número de mujeres con las que se lo ha vinculado potencial o concretamente. Eso es secundario.
Lo mismo sucede con la mujer. Futbolistas y botineras se relacionan porque les gusta mostrarse. Ostentar una relación que en sus imaginarios es glamorosa porque vende en algunas revistas pero en realidad, es absolutamente bizarra y caduca. Por lo menos, así lo revelan las acciones y la efímera durabilidad.
El amor romántico es más que nada una expresión de deseo que en algunas relaciones se da y en otras no. Si una relación, como el de las botineras con los jugadores de fútbol, se encara desde la extrema exposición, la credibilidad exterior es casi nula. No obstante, las reglas internas solo las conocen ellos.

¿Es una nueva forma de entender la pareja, el amor, el sexo?
Es una nueva forma de presentarse ante el mundo. De ingresar a los medios sin haber estudiado. Sin haberse preparado y formado para destacarse en algo más que no sea ser una botinera.

¿En estos casos se prioriza para elegir una pareja, más que un proyecto de vida, la inmediata satisfacción personal de ambos? Y que dure lo que dure.
En algunos casos es una relación comercial y en otros, como puede ser el caso de Nicole Newman y Fabián Cubero, es amor. Por lo menos eso parece. Si nos manejamos con datos objetivos, ninguno necesitaba del dinero del otro. Ella es una marca exitosa y a él, futbolísticamente, no le va mal. Juntos se potencian.

Muchas de estas nuevas famosas nacieron de escándalos o realitys y sus romances también se televisan en los programas de chimentos. ¿Son estos romances parte del entretenimiento mediático? ¿Reemplazan a la telenovela de la tarde, pero en tiempo real? ¿Por qué la gente se engancha con estos enredos?
¿Vivimos en tiempos de lo efímero y falto de contenido?
Estas dos últimas preguntas están respondidas a lo largo de la entrevista. Pero podemos profundizar más, ya que vivimos inmersos en la vorágine de una cotidianeidad que no es sencilla. Atravesados por la anomia, los imponderables y una seguidilla de fracasos colectivos que nos muestran como una sociedad sujetada. Bajo estas características, la gente demanda divertimento. Distensión. Razón por la cual, todo lo que tenga que ver con el mirar sin poner en funcionamiento riguroso las neuronas, vende. Es atractivo para un consumidor fatigado y curioso. Es por eso que las ficciones también son redituables. La calidad también vende en materia de tiras o unitarios.
Los Realitys son generadores de personajes que tienen la tendencia a desdibujarse con el paso del tiempo. Son muy pocos los que siguen en carrera porque son pocos los que se forman para seguir adelante.
Por lo general, es un formato que tiende a degradar al individuo, ya que la promiscuidad es una de las características más sobresalientes.
El público que compra revistas de chimentos y que consume la mayoría de los productos de la TV de aire, talk show y demás no busca cultivarse intelectualmente. Reconoce que la educación y el saber deben ir a buscarlo en otros espacios. En otros ámbitos.
Cuando se las ve a las botineras envueltas en un huracán de escándalos, el observador comprende que lo que está viendo es la limitación del ser humano pero al mismo tiempo, la visión de la nena de utilería que sabe que minorizándose como mujer, obtendrá recursos económicos.

Patricia Edgar
Revista Viva
Diario Clarín

03 septiembre, 2009

El ninguneo de los años (03-09-09)

La elementalidad como característica primordial de la ruptura.

No importan los años compartidos ni las experiencias vividas. No importan los buenos momentos ni los aprendizajes que siempre tienen algo positivo cuando no todo.

Tampoco importa resguardar lo que pudo haber sido y no fue. Lo que realmente fue y el trayecto que condujo a un fin.

Nada de eso importa cuando se encienden las cámaras de nuestra sagrada televisión y las luces que calientan el estudio penetran en las figuras que transitan por los medios.

En ese momento, cuando el show debe comenzar, solo aflora lo malo.

Y el olvido de casi una década no es inocente sino premeditado.

El olvido con el que se simula ira, enojo, malestar. En realidad, un olvido selectivo que busca exacerbar las diferencias que siempre existieron. Que no son nuevas pero que ahora, a los fines prácticos del rating, son funcionales.

Y como ya no importa el pasado sino el presente mediático, ella es una “vieja” y él es un “inmaduro”. Para ella la historia fue un viaje de egresados y para él una experiencia de amor con una bella mujer.

Pero el viaje de egresados, ahora, parece haber sido un viaje tortuoso. No tuvo las características de los 18 años, ni la adrenalina que se experimenta cuando se cierra el ciclo del colegio secundario. Este viaje de egresados fue entre dos personas que hicieron de su vida un reality.

Ella conocida y consagrada aunque siempre en su mundo y él, acomodándose en la selva de los medios detrás de uno de los íconos del mundo del espectáculo.

Los años pasaban y ambos crecían. Y obviamente, que la brecha generacional no se achicaba. Simplemente, se mantenía.

El problema es que ella renegaba del crecimiento de él y en su afán de ganarle al paso del tiempo se desdibujaba en la ridiculez mientras que su compañero emulaba papeles de padre que hoy desmiente.

Ellos son, Graciela Alfano y Matías Alé.

En medio de una pelea que los ubica, a ambos, en la degradación de la condición humana en la que se recriminan formas de actuar ante las cámaras luego de lo que fue el último adiós una vez cerrada la puerta del departamento de Alfano.

Lo hacen, estratégicamente, en el programa de Marcelo Tinelli recurriendo a la memoria selectiva que permite el olvido.

Se reprochan los años y en ese reproche con impronta de show se revelan como dos irrespetuosos que hablan mal de sí mismos al denostar al otro. Porque ellos, supuestamente, se eligieron cotidianamente durante casi diez años. A pesar de que Alé ahora diga que su libertad estaba sujeta a las decisiones del Alfano y que ésta última argumente que para vivir con él se requiere de un manual especial.

Con esto queda claro la relación directamente proporcional que se sostiene en Informes de Medios. A mayor descompensación, mayor medición. Entonces, los ex se suben a dicha vorágine que garantiza móviles, tapas de revistas, obras de teatro y más televisión.

Facturar y medir en medio de la mediocridad del lumpen emergente que hoy, poco los distingue. Fundamentalmente, a ella. Que por su trayectoria, no necesita de eso.

Ahora bien, ante la decadencia de ese lumpen que permite la permanente circulación y vigencia de los consagrados de siempre, Graciela Alfano y Matías Alé recobran identidad dentro de “El musical de tus sueños” generando, una vez más, un estado de situación que los vuelve imprescindibles dentro de las paredes de la productora “Ideas del Sur”.

Revueltos y peleados. Jurado parcial que castiga a su ex pareja y no al participante con un puntaje casi mediocre. Más, un participante que entiende, desde su brutal limitación, que denigra al jurado mostrándole a su bella novia que apenas acusa poco más de 20 años.

Caen, Grace y Matu, en el insoportable cliché del ninguneo de los años. Grace lo señala como carente de trayectoria y Matu la bastardea por los programas dejando entrever que ahora, la brisa de juventud de Silvina Escudero, lo potencia.

Dos pases elementales e históricos que los reivindican en el patetismo de la obviedad “bélica”.