Pulentas

“Qué lindo que la gente se quiera”.
En la austeridad del pensamiento autocrítico gubernamental se observa, desde los diferentes cordones de la sociedad, el naufragio de la Argentina sitiada. Sitiada por un simulacro de inoperancia que es, en realidad, la funcionalidad del crimen organizado que ha penetrado desde distintos lugares para instalarse y hacer raíces.

Desde algunos apartados de la policía federal y bonaerense que se dedican a impartir su conocimiento para fomentar los pequeños brotes de células juveniles del mal, hasta la permeabilidad poco inocente de las fronteras y la premeditada falta de radarización en las pistas, la situación de inseguridad se eleva.

Y mientras el pueblo se auto convoca espontáneamente o asiste a la organización del encuentro, los delincuentes siguen con su actividad y los gobernantes, también. Porque mientras la sociedad está “distraída” reclamando el derecho a la vida y cohabitar en un marco de contención legal, los aprovechadores de siempre ingresan a las casas para saquearlas y los cómicos de arriba, los que supieron inspirar al “Gran Cuñado” de Tinelli, siguen la meta que se han propuesto.

Entonces, vos seguís siendo un golpista que representa lo peor del país y yo soy un laburante que represento a la clase trabajadora. A nosotros nos interesan los Derechos Humanos y a ustedes, oligarcas, llenarse los bolsillos.

Por otro lado me presento como candidata y después no quiero asumir porque encuentro que puedo ser más útil a la política sin ocupar una banca. Y Moria Casan es muy derecha. Y a Moria el repentino reclamo de las figuras del espectáculo le hace ruido.

Ruido, palabra que se convierte en acción cuando los piqueteros toman las calles y todos nos tenemos que acomodar. Voy para acá, voy para allá y si puede no salgo.

Me quedo en casa y enciendo el televisor o la radio. Ambas quizás. Y escucho a Carrió con su apocalíptico discurso y la soberbia de la verdad absoluta. Siempre lo peor está llegando. Ya llega, falta poco. Estamos ahí, todavía no tacamos fondo. Es solo, cuestión de segundos.

Ella es de las que también utiliza a los pobres. Declara que los pobres que el oficialismo manipula para llenar las calles son nuestros pobres. Error. Los pobres son gente trabajadora y no rentada por los gobiernos de turno que cobran planes por no hacer nada.

El pobre tiene dignidad. Y la dignidad se las da el trabajo.

Macri desde el caos ciudadano espera que la justicia se expida como si en Argentina la justicia fuese garantía de algo. Michetti sale a decir que ellos tienen derecho a equivocarse. Lástima que en la equivocación nos arrastran a todos. Y bueno, total, somos una gran familia. Todos sabemos de todos. Y nos espiamos porque somos pícaros, entonces me dijo, le dije, le digo.

¿La hago o no la hago? ¿Lo digo o no lo digo?

Lo digo. Si total acá con buena onda te dicen de todo. Somos todos hermanos, cuñados, tíos, maridos.

Es por eso que a la Presidente le importa como viaja la gente en tren. ¿Le importa? Ah, no. Ella vuela alto. Piensa en otros trenes. Como la fantasía del tren bala o los acuerdos ferroviarios con nuestros hermanos chilenos. Ven, todo queda en familia.

Cristina Fernández podría haber sido la protagonista del film “Un paseo por las nubes”. En realidad, para ser justos, todos podrían haber trabajado ahí porque todos viven en una nube.

Atención. No importa. Seamos tolerantes. Si no, somos fascistas. Golpistas. Dictadores. Subversivos. Desestabilizadores.

Salgamos pues. Demos un bálsamo. Pensemos en Anabela Ascar. Seamos frívolos. Vayamos a comprar revistas para verla en las tapas.

O por qué no, pensemos en su creación. Zulma Lobato y las antiestéticas fotos en topless con sus depiladores. O en un zapping encontremos a Ricardo Fort provocando vergüenza ajena cuando baila. O lo que es peor, escuchar a las mujeres urgentes que dicen que ese sí es un macho.

Es tan lindo que la gente se quiera. Como se quieren Aníbal y Mauricio.

El primero lo trata deliberadamente de vago al segundo y el segundo hace lo que puede.

¿Puede?

Y Scioli pide firmeza para combatir el delito al tiempo que no sabe cómo ser firme con prédica evangélica. Que vayan a hacer deporte y listo. Como dicen en la cancha o el barrio, somos pulentas.

Pero bueno, volvamos al dicho, qué lindo que la gente se quiera. Y se ve que a Macri le gusta que todos se quieran con todos. Por eso, viva el amor como dice la canción. Tengamos al conjunto “Las Primas” como las canta autoras de otra parte de la realidad argentina.

Celebremos, junto a PRO y la justicia, que los nenes, como querían “Las primas”, estarán con los nenes y las nenas con las nenas.

"Veletismo"

Impuesto en la política se hace extensivo al espectáculo.

La hoguera
Resulta curioso observar como dentro de la colonia artística los recelos afloran cuando un tema se encuentra en el candelero. Porque ha sido a raíz de las diferentes posturas sobre la problemática de la inseguridad que muchas figuras del medio plantearon sus inquietudes, temores, propuestas y críticas. Es decir, el tema de la inseguridad provocó crispación entre los opositores al gobierno y los adeptos.

Así es como Florencia Peña se separa de los famosos que no acuerdan con las políticas Nacionales y Moria Casa, opositora desde el comienzo, modifica parcialmente su discurso y reaviva su pelea con Mirtha Legrand y vuelve, desde la sutileza, a tratar a Susana Giménez de “tonta”.

Mientras tanto, Tinelli realiza una presentación cabaretera para responderle a D’ Elía y Nacha Guevara, cuando el ambiente está álgido se baja activamente de un kirchnerismo al cual, nunca se subió acabadamente. Justamente, cuando la política y el espectáculo se rozan en la confrontación decide, conforme a lo pronunciado en un comunicado, que no asumirá su banca por razones personales. Claro, en el ambiente es “veterana” y en la política “pichona”.

Política y H2O
Una decisión anunciada desde el mismo día en que se postuló como candidata, aprovechando el poder de la estelaridad obtenida a lo largo de una carrera exitosa y de una genética admirable solo reforzada con agua mineral.

Su protagonismo fue funcional a un electorado que flotaba en la indecisión y que optó por darle, perdón por la expresión, la derecha a Guevara bajo la interpretación de que ese mismo compromiso sostenido en las tablas, lo llevaría al Congreso. Un espacio en el cual, la estética, no tiene el mismo valor que en el mundo de las artes.

Además, nunca se la vio muy desenvuelta en su rol de “política”. Una cosa es dar una opinión sobre la situación del país y otra muy distinta es trabajar por solucionar una agenda pendiente.

Porque además, convengamos, que interpretar a Eva en las tablas no la convierte en una comprometida activista a favor de los más necesitados. El desacierto está, en el desafío innecesario para estimular, aún más, el ego.

Evidentemente, en su universo de significados, la Señora Nacha habrá pensado que los votos obtenidos eran como las entradas vendidas en un teatro. Unificó espacios, valiéndose, lícitamente, de su llegada al público pero fallándoles, cuando se acerca el momento de sentarse en una banca en el contexto de un Congreso que no tiene la mayoría por la que ella apostó.

A mayor dificultad, menor exposición frente a la sociedad demandante.

Evita y los medios
Asentada sobre la base de la estructura de sentimiento del peronismo, la nostalgia por Eva Perón se incrementa en el imaginario de las actrices, muchas de ellas, sin ser peronistas.

El culto a la meritoria Eva, dueña de un estilo incomparable e irrepetible, penetró a nivel mundial a través de la masificación y globalización de los medios de comunicación. Fundamentalmente, de una televisión que podía combinar imagen y voz. Así fue, como hasta la condenada a no poder desprenderse del infantil “La Ola Verde” –Flavia Palmiero- representó a Evita.

Desde la retórica, hasta la gestualidad y manera de vestir, fueron material de aprendizaje para muchas simuladoras que en un intento frustrado, quisieron ingresar al campo de la política. Pensaron, que la jungla mediática, era comparable a la selva política.

Nacha Guevara es casi el emblema del personaje. Con la diferencia, que fue su persona la que defraudó a sus votantes, a sus seguidores teatrales, alimentando así, a la sociedad perezosa producto del desencantamiento que los actores sociales generan cuando salen, con especulación, de sus trabajos originales.

Cuando buscan poner a prueba el reconocimiento colectivo en otra esfera para alimentar el alter ego, usufructuando, al mismo tiempo que dilapidando, el cariño popular.

Son los actores que homenajean la conjugación del bochornoso "veletismo".

El engrasado nocturno (09-11-09)

Ricardo Fort, todo lo que un “macho” no debe ser.

Después de recibir algunos mails, leer varias crónicas e ingresar en la disyuntiva si valía o no la pena dedicar algunos párrafos al personaje, entendí que uno se debe a sus principios y que desde la sociología o si se lo quiere, desde la mirada de cualquier observador, lo bizarro siempre tiene una explicación que merece ser compartida a través de una aguda descripción.

Y cuando hablo de principios, no me refiero a principios morales. Simplemente, a convicciones que tienen que ver con una línea de pensamiento y con criterios que se desprenden en las notas publicadas en Informes de Medios.

De ahí, la “osadía intelectual” de escribir sobre un personaje que irrumpe en los medios de comunicación con una estética absolutamente llamativa que no lo hace invisible a los ojos. Al contrario. Así, sus accesorios son el deslucimiento del hombre en sí mismo. La degradación del estilo. Y no por una cuestión de moda, ya que la moda es un parámetro relativamente ficticio e impuesto por las grandes marcas para fomentar el consumo. Porque tanto un hombre como una mujer es elegante cuando se ubica en la moda que le sienta bien. Y no en la que sigue el rebaño.

El exceso de anillos, collares, aros y cadenas que cuelgan entre el bolsillo del jean y el bolsillo del chaleco o campera, revela un esteticismo ostentoso. Lo mismo que el desborde muscular que necesita ser permanentemente exhibido.

Un cuerpo grasoso producto de un aceite untado con estoicismo. Una fritanga ambulante. Horas de gimnasio y de suplementos dietarios para llegar a ser todo lo que un hombre no debe ser.

Aunque el hombre tiene que ver con una cuestión de género y no con un estado de brutal testosterona. Entonces, los condimentos de Fort lo revelan como la antítesis del “macho”. Del varón.

Claro está, que varones, en la Argentina masculina anabólica, hay pocos.

Abundan los Fort con cuerpos que parecen calles empedradas. Individuos visibles como
vampiros, casi siempre por la noche, con el objetivo de subirse a la vorágine de la música electrónica y cuando el cuerpo más lo pide, algún cuarteto para poder agarrar a las ardientes utileras que se identifican con los adoquines de los pectorales y los ladrillos de los cuádriceps.

Los pantalones rotos como sinónimo de tendencia. En lo posible, bien ajustado en la parte genital. La camisa abierta para “lucir” un pecho terriblemente depilado y manoseado por las urgentes jóvenes y otras más maduras que ven en Richard una escultura deseada y engrasada.

Mucho gel en el pelo, un andar como si recién se hubiese bajado de un caballo y un tono de voz impostado que juega al seductor y cuyo mayor desafío en la vida es ver cuántas minas conquista por noche. Y a cuántas de ellas, se llevará a la horizontalidad. Cuántas podrán ingresar a la privacidad de un Ricardo Fort que en cualquier momento le vende a los medios las fiestitas caseras.

No es un caballero, mucho menos un varón. Es la antítesis del tanguero. Nada tiene que ver con la fascinación barrial. Con el “atorrante de barrio” que deslumbra por su simpleza y por su mirada cómplice que invita un café. Una copa de champagne o un delicioso bellini de acuerdo a las circunstancias y el lugar. O por qué no, una fría cerveza.

Un muchacho señor menos preocupado por el cuerpo al que se le caigan ideas. Que haya leído algo más que Revista Hombre o la legendaria Play Boy. Que haga reír a la dama por su inteligencia y no la haga sonrojar por ser un animal que cuando aparece en público con una chica jovencita dice: esta es carne fresca.

Pero los Ricardos Forts existen porque están las necesitadas de cámara, las “nenas de utilería”, las marginadas mentales y las lumpen emergentes que quieren, compulsivamente, subirse a una cupé. Sentarse con Jorge Rial o Viviana Canosa para contar su experiencia nocturna y la mercantilización de ser la acompañante.

Chicas que chupan una hoja de lechuga las veinticuatro horas del día. Y el permitido de la semana es una zanahoria de más.

Rubias en su mayoría gracias a la creación de innumerables marcas de tinturas en sus diferentes tonos de rubio aunque el platinado susanezco sea el más elegido.

Siempre de corto porque el largo es para ellas cosa de viejas y porque los Fort, necesitan mostrar a la compañera de turno. A su valor de cambio luego de atravedar la etapa de ser el valor de uso.

Bajo estas características que se asientan en los cambios experimentados en la noche de Buenos Aires, Ricardo Fort devino en un V.I.P mezcla del prototipo estadounidense con centroamericano que se destaca por la obscena ostentación material y la frondosidad corporal que tapa el precoz envejecimiento neuronal o lo que es peor, la inactividad mental primaria.

Y sí, hoy Informes de Medios ha decidido sumarse a la estelaridad esquizofrénica pero hábil del típico transeúnte que va, como dice la canción del autor Francis Smith, de Boliche en Boliche. Y que también, es un caso perdido pero merecedor, por el esfuerzo de exhibición, de ser descripto.