"Las Gracielitas"


Aprendices del subdesarrollo.
Son las “Gracielitas” de la nueva generación. Menos monas en su mayoría y hasta menos inteligentes. Sin embargo, comparten, con Grace, la habilidad del mal y del embrollo para gestar, desde el perverso jugueteo de la colegiala yo no fui, dilemas amorosos.
En la práctica actoral no sirven para nada pero sus métodos son efectistas para el daño. Para sembrar intrigas y crear, conscientemente, problemas banales que penetran, por la misma debilidad en materia de pensamiento de los involucrados, en todo el círculo vicioso que nutrirá a nuestra sagrada TV.
Materia rosa, lila y blanca. De todas las gamas. Menos, materia gris.
Buscan pantalones con bolsillos abultados sin ocultarlo. Son bestias jactanciosas.
Importa más el tamaño de la silicona que pronunciar, aunque sea, de vez en cuando, la S final.
Les estallan las prótesis y saltan de alegría porque por lo menos, cámara, nos les faltará.
Cuando no saben que responder, que es casi siempre, sonríen. Se prestan para formar parte de los rincones de la noche y posicionarse en las líneas de algún jugador de fútbol o empresario devaluado estéticamente que busca voluptuosidad corporal en lugar de neuronal.
Desprestigian el género cada vez que hablan o actúan porque lo hacen desde la intriga y la patética simulación de superioridad. Han sido alumnas sin quererlo.
Urgentes sexuales enarboladas en la lujaría de lo ocasional. En la oscuridad de la trampa.
Recurrentes compradoras de elementos extras para satisfacer el deseo propio y del otro.
Lo cuentan, lo muestran y amenazan, desde la única lectura que han tenido -UPA-, con mostrar los mensajes de texto que, supuestamente, hombres comprometidos, les envían.
Dejadas por televisión, lloronas por ser víctimas de sus propias mentiras y amotinadas por ser las elegidas de Fort, todas conforman el conglomerado de la vergüenza lícitamente redituable para los medios. Como ser, éste BLOG, que se sirve de ellas.
Ellas, que están al servicio.
Reincidentes compulsivas que como no pueden estar solas retoman relaciones caducas y descompensadas. Su mayor mérito, es el valor de cambio. El cual, lo llevan con estoicismo.
Manipulan las situaciones porque son acomodaticias de gran apertura que tienen el cliché del retorno por “amor”.
La “niña” Loly. Violeta Lo Re. Virginia Gallardo.
Tres mamarrachos que sobreviven por la generosidad de un hombre -Fort- que busca, más que mujeres, veladores que le sirvan como pantalla.
Porque de profesión, Decorado.

Popurrí

La elevación por el rechazo y Viviana que es Canosa.

Los narcisos

A partir de la visible imposibilidad de romper con el paradigma escandaloso de la televisión, resulta comprensible que Ricardo Fort siga siendo el epicentro de gran parte de las discordias que se generan en el subdesarrollo del mundo del espectáculo. Aunque la parte más desarrollada, de manera solapada, también se hace eco del estallido de Fort.

Así es como aparece la explicación de la figuración, dentro del Fortismo mediático, de la Señora de las ya pasadas Cuatro Décadas en la TV, Mirtha Legrand. Quien aún no ha legitimado la presencia del engrasado nocturno en sus clásicos almuerzos del maltrato. Le parece, a la Señora, que él es un mediático más que nada de glamour tiene para aportar a su mesa. O tal vez, el temor sea que aporte lo que se vio en su reality dentro de su avión. Un descontrol escatológico que precisamente, no huele a rosas como el color preferido de la anfitriona.

Es paradójico lo que sucede, ya que lo ningunea ignorándolo en su concurrida mesa pero lo registra, dándole relevancia a través del rechazo. Un rechazo que tiene que ver con la típica y peligrosa hoguera de las vanidades. Con el mito de Narciso. Con el inquietante temor de que los aplausos no sean para uno sino para el otro.

“Si Fort está, yo me voy”. Una frase infantil y ridícula para alguien que hace más de cuarenta años almuerza por canales de aire y tiene una interesante trayectoria cinematográfica que siempre sabe remarcar.

Entonces, en la acción de diferenciación aparece, como efecto rebote, la equiparación de dos personas antagónicas unidas, sin embargo, por una egolatría que no les permite tomar distancia del medio que los acuna a partir de la propia mirada crítica. Sobre todo, de una mujer que a pesar de ser terriblemente juzgadora, está consagrada.

Ni Legrand ni Fort soportan la crítica. Mienten cuando dicen que no les importa. De hecho, si están dentro del medio, es porque buscan reconocimiento. Aprobación, aceptación, aplausos, mimos, gratificación. Y no subestimación o marcación de errores.

Por rechazo, Mirtha lo eleva e incita la existencia de Fort en los medios. Estimula su presencia al tener que recorrer los programas para explicar la incertidumbre de desconocer cuál es, a ciencia cierta, el problema que ella tiene con él.

La diva termina, seguramente, sin quererlo, jerarquizándolo.

“Nace una estrella”

Mientras tanto, nuestra sagrada televisión se nutre de las discrepancias más insospechadas. De las peleas de cabotaje y del arribo de los VIP al desopilante mundo bizarro.

Esta es la televisión que tenemos y elegimos los televidentes. Una televisión que sabe escuchar las demandas del encendido y que no tiene que defenderse de las críticas de los acartonados intelectuales que piensan que Jacobo Winograd con su Pinocho puede destruir la integridad mental de un televidente, o que Rial es la mala palabra del periodismo amarillo. Y que Beto Casella es un impresentable. O defenderse de los mismos trabajadores, como Teto Medina, que simula horror porque hoy por rating se hace cualquier cosa.

La televisión, sin más, tiene que Ser.

Y como es, la televisión Argentina es tan generosa que Viviana quiere ser Viviana como Susana.

Ya no es una profesional. Seguro se dio cuenta que una profesional no puede estar durante dos horas diciendo que es la mujer más frontal. La que nunca se contradice. ¿Cómo? Si durante todo el 2009 se la pasó diciendo que detesta los ordenadores, que no usa Facebook, ni e-mail. Ah claro, ahora que quiere forjarse como diva, busca la llegada a las masas. De ahí que los televidentes se puedan comunicar con ella mediante Twitter.

Atención, “Nace una estrella”.

En fin. Lo cierto es que Viviana que es Canosa volvió a la pantalla para hacer un intento de no sabemos qué. Los chimentos a secas le quedaban mejor y el show bizarro también.

La pose de mujer sexy, fatal y glamorosa no le van. Se es o no se es.

El intento frustrado de Coco Chanel es un exceso. Pero bueno, gracias a su retorno, también volvió Sofovich que no tenía imagen de aire desde hacía más de tres meses.

Todos siguen juntos y revueltos. No importa cómo, cuándo y dónde. Solo importa que se sienten, lícitamente, en la simulación de un living con sillones de un también frustrado estilo Luis XV con Viviana, que aunque le duela, es Canosa pero íntima.