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"Los Hermanos Macana"

No son los dibujos animados de los autos locos pero se le parecen. En este caso, ella y él. Más, la Canosa y el negocio de lo social.


Los hermanos Süller regresaron a la televisión para movilizar a la audiencia. Desde los seguidores de siempre, hasta los detractores de una extraña pero redituable hermandad en materia de rating, todos hablan de ellos. Ellos que exhiben su vida privada sin reparo alguno. Sin importar, los daños directos y mucho menos, los colaterales.

Envueltos y regocijados en el escándalo, dan rienda suelta a una realidad impregnada por increíbles cuotas imaginarias que superan cualquier tipo de ficción.

Podrían dar letra al inigualable Gabriel García Márquez y su incomparable imaginario fantástico o protagonizar alguna película dirigida por el genial Almodovar.


Porque cuando el mundo de los mediáticos parecía haber desaparecido por decantación, poco a poco, regresaron. Y así como volvió Jacobo, también volvieron los Süller para contar el drama sentimental de Silvia. El desamor de sus hijos; el amor que no se olvida; las noches de soledad; el abrazo que no le dieron; y la comida casera que le negaron.


Un rostro con exceso de maquillaje. Una risa impostada. Una historia barnizada que tiene un antes y un después de Silvio Soldán. Soldán, una figura del medio que rifó su carrera cuando las rubias platinadas se cruzaron en su camino y terminó adormecido entre las penas del tango y las extensas fojas de una causa interminable.


Parece increíble que Soldán sea parte de esta historia de encuentros y desencuentros. Con hijos, sobrinos heroicos que desembarcan en los medios para limpiar el apellido, amantes y padres aventurados a atajar las pelotas que Silvia, desde el desamparo de las noches en un club nocturno, piensa y alimenta.


Una mirada triste. Un show basado en varios hechos reales y el descontrol de no saber parar a tiempo. De ir, por los medios, sin límites. Creando un clima de angustia que exacerba el morbo y la perversión por escuchar un secreto. El secreto que durante 30 años guardó Silvia en complicidad con su hermano Guido.


Develar que ella, allá lejos y hace tiempo, tuvo una relación con el actual marido de su hermana. Que de esa relación quedó embarazada y que tras poco más de dos meses, perdió al bebé de la peor manera.


Todo frente al ojo de una cámara de televisión. Frente a Viviana Canosa que se encargaba, con una voz gutural, de dar pinceladas para agudizar el dramatismo. Para mantener al espectador, expectante. Para lucrar y exponer la dignidad de una mujer. Para hacer, como siempre, lo opuesto a lo que predica.


Lo cierto es que no hay fronteras en el universo de la televisión que se nutre, como sostenemos y afirmamos en el tiempo, lícitamente, de personajes bochornosos que son cuestionados éticamente pero que al momento de necesitarlos, se los llama porque dan rating.


Realidad, puesta en escena, mezcla de ambas. Todo vale para salir, por unos días, de la opacidad que genera que el control remoto no se detenga en la señal de Viviana que sigue siendo Canosa. A quien el negocio del compromiso social ficticio, le salió mal.


Tal vez, en este camino de liberación y aprendizaje espiritual, le resten juntar más miserias para llegar a hacer el programa que desea. O no.


¿Quién sabe? Por qué no terminar, en esta faena mediática, como escribió González que no sabemos si es Oro, el 13 de abril a las 13:42 en su facebook:


“Oscar Gonzalez Oro QUE DIA TAN HERMOSO, QUE TARDE TAN LINDA!!!!! ES LINDO EL OTOÑO CUANDO ES LINDO!!!!!! JUAAAAA. A TOMAR SOL DESNUDOS TODOS!!!!! VAMOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS”


En fin. Todo puede ser en este magnífico crucero de cabotaje en el que viajan los personajes más desopilantes que integran nuestra televisión que entiende, entre otras cosas, la descompensación como “mérito”.


Todos juntos y revueltos entre lo novelesco y lo real en la búsqueda de la notoriedad perdida. Del rumbo del programa que podría haber sido, y no fue.

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"Las nuevas bataclanas"

Fernández, Boudou y el éxtasis de la pantalla chica.

Como si no tuviesen nada qué hacer, Aníbal que es Fernández y Amado que es Boudou, van a la televisión para participar de programas más bien humorísticos.

Seguramente, porque se han dado cuenta que la comicidad gubernamental que integran, tiene más que ver con Pettinato y Tognetti que con Mariano Grondona y Roberto García.

Porque verlo al Jefe de Gabinete presenciar una “pelea”, en un rin improvisado, entre un “pingüino” y el logo de Clarín, es asistir a la decadencia de la clase política argentina que después se queja o lamenta por ser caricaturizada en la ficticia Casa de Gran Cuñado que supo crear Marcelo que es Tinelli.

O escuchar a Boudou explicar que su actual mujer es su compañera y no su novia, no es más que la politización berreta de una relación, premeditadamente exhibida.

Ambos, Fernández y Boudou, interpretaron un papel lamentable. No por concurrir a “Un mundo perfecto” y a “Duro de domar” sino por querer forzar una llegada a la gente que no tienen. Por lo menos, no en el contexto de dichos programas que tienden, conforme a las demandas del televidente, a banalizar y juguetear la triste realidad.

Ellos, a esa barca, no deberían subirse. Y cuando lo hacen, pierden aún más la poca credibilidad que tienen.

Es que así es nuestra sagrada televisión. Para amargarse con veracidad, ya están los periódicos y noticieros en sus respectivos ámbitos. Está la cotidianeidad de la que somos testigos al observar, simplemente, nuestro brutal alrededor.

El espectador quiere ver a los políticos en el lugar que les corresponde. Que no es precisamente la TV en su formato cómico, morboso, bizarro y laberíntico. En realidad, a este tipo de programas, tampoco les conviene llevarlos, ya que como dicen en la cancha, “estos muchachos no garpan”. Es decir, no dan el rating esperado. Ni siquiera se los consume por curiosidad.

Sucede, que para el televidente agudo, es más relevante lo que piensa Jacabo Winograd sobre la sexualidad de Ricardo Fort, que las cuestiones románticas de Amado.

(Aunque sobre inclinaciones sexuales le podemos preguntar a Evo. El Presidente de Bolivia que ahora dice que la homosexualidad es un problema de pollos. Con lo cual, podría reunirse con Cristina para ver qué receta sale con el pollo de la homosexualidad y el cerdo de la lívido.)

Sí importa la cruce de Aníbal y Amalia.

Una “nena de utilería” que logró trascender el rótulo cuando se puso la camiseta del pueblo y enfrentó a Fernández en una crisis de representación que ciertamente se extiende.

La novedad no es la reacción de Fernández, puesto que todos sabemos que la palabra NO es la primera en su lista. De profesión, negador.

En la Argentina de Hamlet todo es al revés. No es como en las crisis conyugales del “No sos vos, soy yo”. Aquí es: “Son ustedes, no nosotros”.

Así y todo, de toda esta historia que nos ocupa, lo que merece una celebración, es que Granata tiene conceptos en su cabeza que van más allá del Ogro “soy fiestero” Fabbiani.

En cambio, lo que merece un replanteo y que se lo debemos a la televisión criticada por el séquito acartonado de intelectuales, es que los políticos replegados en su ocio, ahora son las nuevas “bataclanas” del show argentino.



Desafío Cultural



Cristina, Viviana Canosa, el compromiso social y la frustración del divismo.

“El Reloj”

A partir de la necesidad por diferenciarse del otro, Viviana Canosa, jugó al brutal simulacro de querer cambiar la esencia chimentera de su programa, tal como lo tratamos en una nota pasada.
Intentó, sin éxito, girar simbólicamente las agujas del reloj para hacer, a las cinco de la tarde, hora del té inglés y de las picarescas, un programa con contenidos sociales protagonizado por los más necesitados.
Combinar lo bizarro del mundo del espectáculo que derrapa con la descomposición social por la que atravesamos colectivamente era un desafío. Incluso, mantener el “fracaso”, también es un desafío. Una vocación que ella, con estoicismo y sonrisa, lleva adelante.
La ex colorada quisiera, por estos días -parafraseando la letra del bolero “El Reloj”- que el reloj no marque las horas porque va a enloquecer. A cada minuto, el intruso, le pasa el trapo.
Lo social VS. Lo Coqueto
A pesar de apelar a la emotividad, a la conciencia social y a la sensibilidad, el resultado no fue el esperado. Sucede que la sociedad no contempla la coquetería con el compromiso social.
Existen prejuicios y clichés al respecto.
Ser coqueta y llevar adelante un trabajo social es, en Argentina, otro desafío. Un desafío cultural ante el descreimiento y el ojo crítico del televidente que como dicen en el barrio “no se como cualquiera.”
Muchas quisieron, quieren y querrán ser como Evita. Desde el campo de la política hasta el mundo del espectáculo, el sueño de Eva las desvela. Como si fuese un espectro que las sobrevuela para alcanzar la deseada legitimidad del pueblo.
El tema se funda en el mito de Narciso. Es que el narcisismo las supera. Las puede. Están más preocupadas porque el rímel no se les corra de esos ojos tapados de revoque, que por el hambre de los niños, la pobreza, la inseguridad y demás temas.
Algunas mujeres se conectan con esa característica, otras la diluyen o rechazan o bien, se admiran desde la natural y sana distancia.
Cristina y Viviana Canosa
Canosa confesó estar fascinada con Fernández que es Cristina. La Presidente. Quien goza de la simpatía de Canosa porque no la tiene cerca. “Dos potenciales divas juntas es un atropello a la psiquis de cada una de ellas.” Más cuando Cristina ya es Cristina. Y Viviana, aún, debe ser Canosa por la cuestión de que si no, "no te registro."
Comparten la lícita y divina pasión por la moda y encuentran, en la marginalidad y la desgracia, las vías de llegada en dos ámbitos de referencia distintos.
Son cuestionadas y criticadas. Queridas y odiadas.
Producen, en ciertos espectadores, profundo rechazo. El término medio o la neutralidad, parecen no existir al momento de definirlas. Ambas están envueltas en la parcialidad de la credibilidad porque el exceso de coquetería y estética para el tratamiento de los hechos sociales que nos vulneran, así como para la conducción de un país, no son aceptados. Son mal vistos.
Socialmente, dicho enfoque, es una contradicción a superar.
Es decir, el problema no es la elegancia sino la ostentación que recrea la atmósfera de la duda.

“La cuarta diva”
Auto referencialidad; llorar sin lagrimas; posturas físicas de espanto y dolor; y abundancia de explicaciones sobre los cambios internos que experimentó tras su viaje a Haití, son algunas de las características que de Lunes a Viernes en su programa, Viviana, que a su pesar es Canosa porque aún no se la puede conocer como a Mirtha, Susana o Moria, transmite. Lo mismo hace en todos los medios que la entrevistan.
Compulsivas reiteraciones de la “Coco Chanel” del subdesarrollo. A quien imitada más por la silueta y por la publicidad que le hace en los inmensos brazaletes que lleva en una de sus muñecas con el logo CC, que por el look chic.
Ella evidencia alevosa irritabilidad frente a la presencia de bellas mujeres. Por aquellas que no forman parte del nido de caranchos que desborda por las pasarelas de boliches o simulacros de vedettes desplumadas que agobian por ser tan animales al momento de hilar una oración con sujeto y predicado.
Por eso se rodea de hombres en su trabajo, ya que las mujeres representan, en su universo de alter ego, una amenaza. Un tormento que la atraviesa.
Exceso de accesorios y maquillaje para tapar evidentes inseguridades.
Con todo eso, Viviana Canosa forma parte del círculo de mujeres que se jacta de no saber cocinar o limpiar. Lo comunica como si fuese un mérito. Un atributo de la naturaleza que la convierte, aunque no lo sea, en una intelectual.
Porque existe una ficticia sofisticación para separarse de las tareas domésticas de la cotidianeidad. No por falta de tiempo sino por inutilidad. Creaciones internas que busca exteriorizar para ser la cuarta diva de la Argentina que se incendia, cada vez que quiere ser la única protagonista de sus programas enmascarados de humanidad.
Frustraciones que la alejan, todavía más, de las mieles del divismo.